Construcción del Relato
Cuando inicié este espacio hace ya casi dos años, fue producto de numerosos factores. La construcción del relato que impuso esta agrupación de arribistas, más propios de la obsesión de acusar a otros de lo que ellos mismos son que de una necesidad política. Cuando hay que construir poder, se recurren a muchos medios. Ellos, llegados con una mano atrás y otra adelante, en cuanto a capital político se refiere, hicieron lo imposible por deformar la historia, la reciente historia de la argentina.

Hasta no hace mucho, podía llegar a perdonar a los más pibes por comerse el verso del relato construído desde el poder. Después de meditarlo un poco y notar que se la pasan leyendo, llegué a la concluisión de que, o leen THC y estudian historia en canal Encuentro, o sinceramente no leen ni el boleto del bondi. Las pruebas están a la vista. En la noche del miércoles pasado, desde el edificio Anexo de la Cámara de Diputados, tuve una visión privilegiada de los manifestantes a favor del Matrimonio Igualitario. Ver una bandera del «Che» Guevara me sorprendió de sobremanera. Un hombre entre cuyas cualidades no se contaba precisamente su simpatía hacia los homosexuales. A no ser que fusilar maricas fuera una actitud revolucionaria gayfriendly.

Es así como noté que la construcción del relato es posible en nuestra sociedad mucho más de lo que imaginaba. Si el rostro de un mataputos flamea entre los que requerían la ley, de ahí para abajo, todo es posible. Al día siguiente, Cristina habló de los orígenes en común entre el maoísmo y el peronismo. Obviamente, no pude evitar ponerme a pensar en cuantas veces nos quisieron meter el relato del que ellos se quejan que construyen los otros.

Arrancamos con un Presidente que se ha sabido rodear de gente del Opus Dei, de la UCeDe y del Radicalismo, que en los actos proselitistas cajoneaba los estandartes del Partido Justicialista y terminamos con gente que habla de que para saber si este es un Gobierno Peronista hay que ver a sus enemigos. Yo creo que si miramos a sus amigos, nos caemos de culo. Además de los cuadros que acabo de mencionar, tenemos a la benemérita izquierda argentina, siempre opositora al justicialismo desde sus primeros orígenes. Ellos también construyeron un relato de la historia que se vio más que favorecido con este rejunte de oportunistas mal llamados políticos. Porque en 1976, los cuadros de izquierda argentinos no enfrentaban a Videla por órden de la Cuba de Fidel. Era lógico, no había que atacar al único país que le vendía granos a la Unión Soviética.

Seguimos con una política de Derechos Humanos que se limita a volver a juzgar a los milicos de hace tres décadas, mientras quienes impulsan esas acciones, se hacen los boludos respectos de sus propios pasados. Tenemos a un Diputado como Piumatto cazando brujas entre el Poder Judicial, pero aplaudiendo al Apoderado de la Fiscalía de Estado de Santa Cruz en plena dictadura. Contamos con candidatas al Premio Nobel de la Paz que han aplaudido y brindado con derrocamiento sangriento de un Gobierno democrático. Detentamos el dudoso orgullo de contar con quienes reinvindican a subversivos muertos en combate mientras atentaban contra un Gobierno Constitucional elegido por el 62% de los votos en elecciones libres y sin proscripciones, y los meten en la misma bolsa de desaparecidos en Dictadura.

En tamaña construcción nefasta, es lógico que con Hebe de Bonafini tengamos que hacernos los boludos cada vez que justifica los actos terroristas. Como también tiene sentido que ella se abrace con Néstor y Cristina, que a fines de los `70, de los actos de Gobierno sólo les interesaba las resoluciónes judiciales de expropiación inmobiliaria. Como también cuadra en el sentido común que al Justicialismo de los `70 se lo considere asesino, pero no pasa naranja con la amistad pública y manifiesta de Alfonsín con el Ministro a cargo de las Fuerzas de Seguridad de la Dictadura.

Pero esta construcción no es novedosa, viene en el packaging del setentismo versión kirchnerista. En los tempranos setenta, había boludos reaccionarios, auténticos psicópatas hoy disfrazados de pendex revoltosos y simpáticos, que quisieron imponer una revolución obrera en un país donde cualquier pobre tipo que tuviera dos mangos en el bolsillo podía tener acceso a su vivienda, con inflación y desabasteimiento incluídos. Pensaron que la mejor forma de obtener la dictadura del proletariado era traer al carismático líder justicialista. El mismo al que sus camaradas más grandes habían puteado en 37 idiomas y 21 dialectos hacía no más de 18 años. Después se dieron cuenta que era un viejo gorila y encima militar.

Hoy tenemos a Diana Conti, con las neuronas tostadas, definiéndose stalinista y a Cristina hablando de Mao y Perón. Perón nunca paso cerca ni del Mau Mau. Pero, bueno, esa es la escuela que han tenido estos energúmenos. La de tomar fórmulas exitosas, deformarlas pero conservarles el merchandising y venderlas como originales. Una empresa con cambio de firma.

En este contexto, qué podemos pretender cuando nos toman de pelotudos con las mediciones del INDEC, con la política de desendeudamiento al 15% de Chávez, con los dineros destinados a la Asignación Universal por Hijo que equivalen casi doble de lo que se reparte. Con este panorama, no nos debe extrañar que mientras Cristina putea en la cara a los líderes del mundo por sus políticas ambientales, se reúna más tarde con el CEO de la Barrick Gold para cerrar negocios mineros a cielo abierto. Como tampoco nos debería extrañar que no diga ni una palabra en torno a las políticas de derechos humanos en Cuba.

Y ahí anda. Yendo a China a rogar, llorar, implorar de rodillas que larguen un cobre, una chirolita, una monedita de cartón del Bucanero, algo. A cambio, le dieron un Honoris Causa, se saco unas fotitos y la saludaron en el aeropuerto sin que ella llegara a preguntarles qué onda con el trabajo esclavo. Al menos, en el avión de vuelta la pasó bomba con las chupacirios que se llevó con ella para que no votaran en contra el Matrimonio Igualitario. Compartían el mismo pensamiento. Y ambas dejaron claudicar sus convicciones a cambio de dos chocolatines con envoltorio de poder. Antes de subirse al avión, puso otro ladrillito en la construcción del relato, acusando a la oposición de ser mataputos, cuando, no casualmente, fue el FpV el que más fracturado estuvo en este tema.

En definitiva, da la sensación de que si Kirchner no apoyaba el Matrimonio Igualitario, La Cámpora hubiera ido de todos modos a la Plaza de los Dos Congresos el día de la votación. Pero con antorchas.

Lunes. Mi neuralgia en el marote ya lleva una semana. Comienzo a sentir envidia por Yabrán.