Un golpe más blando que el poder del Presidente

No es necesario ser abogado con un doctorado en derecho constitucional profundizado para comprender que un fallo sencillo de la Corte no es un Golpe de Estado ni su eufemismo, golpe blando. Tampoco hace falta ser abogado. No es necesario haber terminado la secundaria. Cualquiera que haya pasado por algún claustro educativo y no haya sido aprobado por estadística sabe que nuestro sistema de Gobierno es la República y no la democracia directa.

Una mierda, qué se le va a hacer, pero la democracia la ejercemos cada dos años cuando votamos legisladores y autoridades del Poder Ejecutivo. ¿Por qué no hacemos lo mismo con el Poder Judicial? Porque la Constitución dice que no. Y solamente con eso debería bastar como explicación elemental como para que ningún bruto venga a decir que los miembros de la Corte quieren gobernar sin que nadie los haya votado, o que no forman parte del sistema democrático y demás pelotudeces que tenemos que escuchar a diario cada vez que desde la Corte sale algo que al gobierno de turno no le gusta.

Y agrego que con tener comprensión de lectura también alcanza. La Corte no le dijo al Gobierno Nacional que no puede arbitrar medidas sanitarias. Le dijo, literalmente, que no puede pasar por arriba de las jurisdicciones federales. Nada más. Ni nada menos.

Incluso dijeron que la emergencia sanitaria no puede ser utilizada para cercenar arbitrariamente derechos fundamentales. O sea: lo mismo que se dijo en una solicitada hace un año, cuando acusaron a sus firmantes de banalizar las dictaduras.

Es increíble, realmente el estado de locura es total. Cristina Fernández fue convencional constituyente en 1994. Primero desconoció durante un año la autonomía de la ciudad de Buenos Aires comparándola con un municipio de la provincia de Buenos Aires. Luego aseguró que esta Corte Suprema dista mucho de la prestigiosa Corte Suprema que existió durante los tres gobiernos kirchneristas anteriores. Y ahora, directamente, asegura que tienen una actitud golpista. No es la primera vez: en 2013, cuando quiso “democratizar la justicia” copando el Consejo de la Magistratura, la Corte declaró inconstitucional la ley. La entonces Presidenta acusó que la Corte había practicado un golpe blando.

Curiosidades al mango. Si fuiste convencional constituyente en 1994 no podés decir semejante cosa. O sos muy burro o sos muy cínico. Pero estuviste ahí, así que la primera opción se tacha. Lo mismo corre para el ministro de Justicia Martín Soria. El hombre, muy suelto de cuerpo dijo que los ministros de la Corte “se están entrometiendo en las medidas sanitarias que toma un ministerio de Salud y un Presidente en el marco de sus atribuciones”. Por si fuera poco, agregó: “Que un par de jueces, que vaya a saber quién y cómo los eligieron, se entrometan en este tipo de decisiones, insisto, en medio de la segunda ola, récord de contagios, récord de muertos con las terapias intensivas casi al borde del colapso… La verdad que me llama muchísimo, poderosísimamente, la atención. Yo no sé si llamarlo golpe blando, creo que si no es eso está muy cerca”.

Un estudioso de lo que a Cristina le gusta: Corte más Golpe Blando. Y eso que es abogado.

Lo bueno es que todas las respuestas a las preguntas de Soria las puede encontrar en un libro de 129 artículos. Se llama Constitución de la Nación Argentina. Pero si le da paja leer, puede ir y preguntarle a la jefa para que le explique que los ministros de la Corte se eligen por el reglamento contemplado en la Constitución y que, a excepción de Rosenkrantz y Horacio Rosatti –ex ministro de Justicia de Néstor Kirchner– los otros llegaron del siguiente modo: Carlos Maqueda durante la presidencia de Eduardo Duhalde con el voto a favor de Cristina Fernández, y Ricardo Lorenzetti durante la presidencia de Néstor Kirchner con el voto a favor de Cristina Fernández. Básicamente, porque el “vaya a saber quién y cómo los eligieron” se responde muy cortito. O sea: los eligió el Presidente de turno y los votó el Senado de turno. Como corresponde, bah.

También puede preguntarle sobre lo que opinaba Cristina de esa “gran corte” cuando la tenía que padecer, qué tenía para decir de Enrique Petracchi o de Carlos Fayt.

Pero el problema que se va a encontrar Soria es que la persona que le tiene que brindar estas respuestas está en la misma que él, o que el Presidente de la Nación, profesor de Teoría de la Pena en la Universidad de Buenos Aires y que tampoco pareciera comprender cómo funciona el sistema de división de poderes. No logra comprenderlo con el Poder Legislativo, imaginemos cómo puede caerle una decisión del Poder Judicial.

Pero como los tres sí saben bien cómo se eligen los jueces y por qué la Corte falla como falló, no queda otra que inclinarnos por la opción de agrietar aún más. Porque vinieron a unir a los argentinos pero sin la ley bajo el brazo.

La Corte Suprema es el máximo garante de la institucionalidad de una república. Son quienes deciden si una ley es o no es constitucional. Alberto Fernández sabe bien que si no se le hubiera dado por gobernar por decretos no habría tenido este problemilla.

Pero cuando la sociedad se divide entre burros y cínicos, el terreno queda fértil para cualquier bestialidad que nos encamine hacia mayor autocracia y arbitrariedad. Precisamente las cosas para las que fue craneada y creada una Corte Suprema de Justicia independiente y no sometida al voto popular.

Ejemplo: Alberto Fernández quería reformar la Justicia Federal. Le encargó un proyecto a Marcela Losardo. Losardo hace el laburo y Alberto lo presenta ante el Senado. El Senado lo convierte en un recetario de nombramientos y dice que es el proyecto que envió el Ejecutivo. Alberto no solo no se queda callado, sino que sale a defender el engendro y hasta deja que se lleven puesta a su “amiga de toda la vida”, Marcela Losardo.

Luego, Alberto dice que quiere que alguien le explique por qué la Corte no da explicaciones para no tratar la apelación de Amado Boudou, cuando sí las dio: mandó a consultar un artículo del Código Civil. Capaz quería que le hicieran una filmina.

Lo curioso es que Alberto cargó contra Boudou durante años por considerarlo un corrupto ambicioso que se llevó puesto a su “maestro” Esteban Righi. Hoy, Alberto carga contra la Corte por Boudou, mientras el ex vicepresidente habla de democracia en clases virtuales y demuestra una vez más que es el preso más privilegiado del país.

Un copado de la lealtad este Alberto. Entregó a su amiga, entregó la memoria de su mentor. El tipo no tiene límites, un generoso de la dignidad.

La clave está en mezclar todo. Y como la Corte se niega a tratar la condena a un delincuente, Alberto dice que hay que encarar una reforma judicial porque hay inseguridad en el Gran Rosario. Sus votantes hoy pedían reforma judicial ya. El efecto buscado: que un grupo para nada pequeño de personas que no saben cuáles son las funciones de la Corte Suprema de Justicia pretenda votar a sus miembros. Bueno, para ser honestos, un grupo para nada pequeño de personas tampoco sabe cuáles son las funciones de un diputado, un senador o un intendente, y también los votan.

Y lo loco es que la Corte hizo exactamente eso que dijo Alberto que tenían que hacer a la hora de justificar el proyecto de creación de un “tribunal de arbitrariedades” intermedio: que la Corte quede solo para resolver este tipo de causas. Y cuando las resuelve tampoco las quiere.

Así que, para sincerarnos, Alberto debería decir que lo ideal sería volar a la mierda a la Corte y dejar todo en manos de un consejo consultivo integrado por sociólogos –total, ya le dieron el manejo de la energía a uno– ministros y algún que otro pasante que necesite estar vacunado cuanto antes.

Después de todo, el Presidente ya se abroga las facultades legislativas y encima se da el lujo de delegarlas en Santiago Cafiero. ¿Para qué queremos caretear una república?

Lo único que quedó claro tras todo este embrollo es que el Presidente ya no hace ni aquellas cosas en las que cree. Un tipo que no puede levantar el teléfono y decirle a un subsecretario que está por debajo de un secretario, que está por debajo de un ministro, que está por debajo del Jefe de Gabinete, que está por debajo del Presidente. Ni ese poder tiene. Y la culpa es de la Corte, obviamente.

 

 

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