Crónicas Pingüinas Parte I
En tiempos en que el revisionismo histórico está como Ricardo Fort, en pleno auge de la decadencia. En tiempos en que todo lo que pasó hace mucho tiempo, hay que reconsiderarlo y darle un nuevo significado. En tiempos en que todo lo que fueron sólo hechos que deberían analizarse en tiempos y circunstancias distintas a la comodidad de un teclado y un mouse, no viene nada mal recordar lo que pasó ayer. No podemos hablar de lo que pasó hace 60 años, si a duras penas recordamos a quien votamos en hace 2 ó 3 elecciones. 

El fenómeno llamado kirchnerismo, ha tenido muchos significados en los últimos años. Sin embargo, el que predomina desde los últimos dos, es el del Estadista no represor y amante de los más humildes. Tan devoto era de ellos, que los conservó así, casi intactos. 

Mientras nos fumamos que Andrea del Boca y el gato gallego de Anabel Cherubito nos vengan a dar clases de peronismo, les propongo revisar qué carajo pasó desde que un tipo desgarbado, con un ojo desvíado -nunca pude adivinar cuál de los dos- y con humor más estúpido que inocente, nos vino a hablar de un país para todos.

Nacimiento y Apogeo:

Cuando Néstor asumió su mandato el 25 de Mayo de 2.003, heredó de Eduardo Duhalde el equipo económico comandado por Roberto Lavagna, a Ginés González García -auditor de la UOCRA en la Dictadura gracias a la intervención militar- en Salud y a Aníbal Fernández. Además, puso en funciones un par de personajes de los que hoy nadie habla, junto con otros de dudosa celebridad. En Justicia tenía al ex delfín de Carlos Saúl I de Aniaco, Gustavito Béliz; José Pampuro -histórico médico familiar de los Duhalde- al frente del Ministerio de Defensa; Daniel Carisma Filmus -Secretarios de Educación de la escuela Shopping de Grosso, redactor de la Ley Federal de Educación de Menem- en el Ministerio de Educación, todos comandados por un hombre del riñón de Domingo Cavallo: Alberto Fernández. La pesada herencia recibida del Gobierno anterior, dejó como saldo un dólar estable a 2,90; un superávit fiscal de 14 mil millones de dólares, una inflación del 3,2% anual -con un INDEC no intervenido- y la desocupación en descenso.

Al toque de asumir, Néstor promovió la conformación de una comisión de enjuiciamiento para remover a la Corte menemista y poner una independiente. Puede ser que se termine con la Justicia que perjudicó tanto al país. Debemos recuperar el correcto funcionamiento de la seguridad jurídica. Necesitamos terminar con las extorsiones y las presiones, dijo el Pingüino por aquellos días.  Para respetar las instituciones, la Comisión estaba integrada por la oradora del milenio, que había obviado el pequeño detalle de adjuntar su título de abogada y la matriculación, exigencias para integrar esa Comisión. Como buen alumno menemista, una Corte independiente no significaba una justicia independiente, por lo que hizo lo que se le cantó el ocote con el Consejo de la Magistratura y todos contentos.

El mismo día de su asunción, pronunció un discurso en el que dijo que iba a plebicitar toda medida controvertida, que no se podía pagar la deuda externa a costa del hambre de la gente, que combatiría la inseguridad y que habría traje a rayas para los grandes evasores. Todo joya, agarró el bastón de mando al revés, le dio un dolor de cabeza a la custodia, se mandó entre la gente y terminó con un tajo en la frente. Antes de asumir, Pampuro ya había adelantado que Néstor iba a reestructurar las Fuerzas Armadas «con gente de experiencia, de probada idoneidad y capacidad y, también, de confianza». De todo eso, se guiaron sólo por la confianza. Sacaron a Brinzoni, pusieron al pichicho de Bendini.

Sí, fue Ministro de Salud.
En la Federal el panorama no era muy distinto. Lo rajan al Comisario General Giacomino por favorecer a empresas amigas en licitaciones para la remodelación del hospital de la Federal. Fue un par de semanas después de que empezáramos a escuchar la historia de un tipo que de chofer de un Intendente de una ciudad patagónica, pasó a ser un millonario emprendedor y al mismo tiempo en que nos enterábamos que el Ministro de Salud había dado contratos a su sobrino, su secretario privado y dos funcionarios de su Ministerio, para la provisión de insumos, mantenimiento y limpieza en el PAMI. Asume el pisa alfombras Prados, conocido por su incapacidad para el control de la calle y por haber renunciado cuando a Néstor se le antojó darle la orden de no mandar un sólo polícia armado a enfrentar una manifestación en la Legislatura Porteña, donde una semana atrás, habían mandado al quirófano a algunos oficiales.

Un mes antes de la renuncia de Prados, había ocurrido un hecho digno de admiración para el sentimiento de paz y amor que pregona desde siempre la religión kirchnerista. Luis D´Elía, por entonces un ex Demócrata Cristiano, ex Frepasista y ex Aliancista, se puso nervioso porque mataron al «Oso» Cisneros, un gordo con más ruido que el Rafa Di Zeo, y acusó a algunos miembros de la Comisaría 24 de la Federal de proteger al asesino. Como la justicia es un objeto de difícil comprensión, la chancha matancera decidió ir a conocer las instalaciones de la seccional. La justicia se hace con pequeñas acciones y Luisito lo entiende bien. Por eso llevó a cabo un pequeño destrozo, un pequeño incendio, una pequeña privación ilegítima de la libertad, un pequeño robo calificado -un Quinquela Martín- y un pequeño atentado a la autoridad. La Jueza en lo Criminal ordenó desalojar la Comisaría, Quantín dijo que no, a Oyarbide le pareció más copado lo que dijo Quantín, Croto denunció a Quantín y a los polícias que no quisieron acatar sus órdenes, Oyarbide dijo que estaba tudo bom y acá no pasa nada. Prados dándole la mano a D´Elía diciendo que «la violencia genera más violencia», y todos emocionados cantando Give Peace a Chance.

Probablemente, quien no recuerde mucho la época, se preguntará qué tipo de represalia habrá tenido D´Elía. Bueno, fue designado Subsecretario de Tierras para el Hábitat Social del Ministerio de Planificiación Federal, Inversión Pública y Servicios. No fue el único piquetero que nombraron funcionario. Jorge Ceballos ya cumplía sus funciones en el Ministerio de Desarrollo Social -el nombre también era divertido, algo así como Subsecretario de Organización Popular- cargo al que renunció en 2.007, cuando a todos sus compañeros les permitieron ser candidatos en sus municipalidades, menos a él. Obviamente, era el fin de una era en la que empezó a escucharse el verso de la «no represión» de las expresiones populares, pero en la que Aníbal Fernández decía que el Gobierno iba a «combatir con el Código Penal en la mano». Resultado, todos en cana, procesados y a juicio.

Hay que recordar que toda esta sanata de que «la protesta social no es delito» fue manifestada por Horacio Rosatti, Ministro de Jus
ticia que reemplazó a Gustavo Béliz. No era para menos, la brutal represión de la Federal a los manifestantes que se oponían a la sanción del nuevo Código de Convivencia porteño (julio de 2.004) fue transmitida a todo el mundo. El golden boy del Opus Dei pasó a mejor vida -pasear por Comodoro Py explicando ese temita de que había mostrado datos personales de agentes de la SIDE- y el Gobierno dio un giro de 180°: de meter en cana a cualquier boludo que se tirara un pedo frente a una multinacional -trabajadores que protestaban contra YPF en La Plata, se comieron cana; una agrupación de desocupados que exigió 3 kilos de mondongo, se comió cana- se pasó a ponerles vallados por todos lados. La Federal pasó de reprimir a acompañarlos y cortarles el tránsito.

El poder policial, en estos casos, cambió de bando. Ya no lo ejercía el Estado directamente, sino que lo tercerizó en las organizaciones que antes protestaban contra el propio Estado. Claro ejemplo de esto fueron las contramarchas que organizaba Luis D´Elía en contra de la movilización que reclamaba justicia por el asesinato de Axel Blumberg. Detrás de esa movilización, había un petitorio firmado 5,2 millones de personas que pedían que el Estado hiciera algo. D´Elía fue puteado por Blumberg y por Pérez Esquivel, que también estaba en contra del endurecimiento del Código Penal, pero que le parecía «mamarrachesco» el accionar del lechón de Isidro Casanova.

Y si todavía hay quién se come el verso de la no represión, les recuerdo que la Federal corrió con gases y balas de goma a los que se manifestaban en contra del FMI, llevándose además a 102 tipos en cana; desalojó a los palos a los que ocupaban las instalaciones de la farmacia Franco Inglesa y se desalojo brutalmente a los que cortaban la ruta y ocupaban la sede de Termap, en Caleta Olivia. Evidentemente, la protesta social contra las petroleras de Santa Cruz, no entran en el concepto de derecho a manifestarse.

Todo ello pasaba mientras Néstor le tomaba el gustito al rol de paladín de la lucha contra la represión del Estado, pero de la década del ´70. Le acarició la cabecita al pichicho de Bendini, y después le dijo que se subiera a un banquito para descolgar los cuadros de Videla y Bignone, que todavía figuraban en los muros de la Colegio Militar de la Nación, firmó el traspaso de la Escuela de Mecánica de la Armada a la órbita de la Ciudad de Buenos Aires para convertirla en museo y pidió «perdón en nombre del Estado Argentino que calló durante 20 años las atrocidades cometidas». Hubiera estado completa si hubiera pedido perdón en nombre suyo, también, por haber sido todo lo que fue en esas mismas décadas. Y en la del ´70.

Económicamente, le iba bien. Con 33 millones de toneladas de producción de soja, la cual estaba en precio récord internacional, no paraba de entrar guita a las arcas de la Nación. La construcción tuvo un fuerte impulso, aumentando un 21%. Obviamente, estos números son para interpretar, y nadie decía que ese 21% se debía a los countries y edificios fastuosos, sólo para unos pocos. La verdad es que, en el momento de mayor riqueza de la Argentina, sumado a unas condiciones únicas a nivel internacional y el efecto rebote de la crisis, en la patria el 10% de la población se quedaba con el 45% de la riqueza y el 90% de la población argentina transfería ganancias al porcentaje restante. Más triste es que por aquellos años, con toda la riqueza generada, el hambre afectaba a 1,4 millones de argentinos. Curiosidades: 6 años después, el INDEC refiere que hay 750 mil chicos en riesgo alimenticio. No contemos a los adultos.

El resto del año no fue la gran cosa. El Plan Estratégico de Justicia y Seguridad, anunciado con bombos, platillos, matracas y cornetas, como la reforma más profunda del sistema judicial argentino, quedó tan en el olvido, que un par de meses después, ya nadie se acordaba de que querían disolver el fuero federal porteño, destinado -entre otros curros- a investigar a los funcionarios nacionales.

Un año raro. Tanto que la Selección de Basquet ganó el oro olímpico, Bielsa nos dió un título con la Selección y Gaudio ganó un Grand Slam. Un año tan raro, que éramos gobernados por un tipo que no debe ser el mismo que descansa en Río Gallegos. 

Ah, Clarín era oficialista.

Continuará en la próxima.

Lunes. Argentina, no problem.