Culebrón
Opción A:
Un ex Presidente que además era hombre, muere unos años después de dejar la primera magistratura. Estaba casado en los papeles, padre de dos hijos mayores de edad y esposo de la Presidente en ejercicio.  Meses después de fallecido, la Presidente de la Nación despide a una mujer y, dicha mujer, refiere que fue durante años la amante del difunto.
Indigna que, con todo lo que hay para pegarle al Gobierno y a sus integrantes, se haya caído tan bajo como para menoscabar en la vida privada de nuestros gobernantes. Si ellos eran así, se conocían y aceptaban las reglas del juego, quiénes somos nosotros para juzgarlos.
Irrita saber que, por más bronca que se le tenga a la Presidente de la Nación a su difunto marido, también hay otras personas totalmente inocentes a estos juegos y que tenían una imagen de padre que se ve mancillada, con justicia, pero innecesariamente.
Opción B:
Un hombre que además fue Presidente, muere unos años después de dejar la primera magistratura. Estaba casado en los papeles, padre de dos hijos mayores de edad y esposo de la Presidente en Ejercicio. Meses después de fallecido, la Presidente de la Nación despide a una mujer, quien luego refiere que fue amante del difunto durante años. Sale en muchos diarios alrededor del mundo.
Indigna la actitud de un sujeto que nos vendió que estaba profundamente enamorado de su señora esposa, a la cual cagó durante décadas con una secretaria. Da bronca tanta imposición de familia unida cuando no existía.
Irrita saber que, si prometió fidelidad a una mujer a la que eligió, ante un funcionario público y un cura y la cagó de esa manera, a nosotros nos pasa por arriba, aunque haya jurado sobre la Constitución y los Santos Evangelios. ¿La familia? Si él no se calentó en protegerla, que se cague. Él le fue infiel a su esposa, no nosotros.
Estas son, a grandes rasgos, los lineamientos más habituales de reacción ante la noticia de la infidelidad del ex Presidente Néstor Kirchner. Y ambas son absolutamente valederas, dependiendo de nuestros parámetros de pensamiento
Hace unos días me puse a hablar de los valores y de la empatía que tenemos al elegir nuestros Gobernantes. Y es cierto que quienes justifican todo de este Gobierno, tienen un sentimiento de orfandad que los lleva a comportarse como poseídos cuando se meten con mamá Cristina o papá Néstor. La reacción ante un globo de prueba que tiré, fue notoria. Me putearon de arriba abajo por comentar la noticia, a pesar de la veracidad de la misma. Es la misma reacción de un nene cuando se entera que papá le es infiel a mamá.
Parece mentira que los mismos oficialistas disfrazados de críticos, que sostienen que estos son tiempos de debate político como nunca hubo en la historia democrática reciente, se quiebren y se pongan a llorar porque Cristina era una cornuda. Discutir si la viuda tenía adornos en la mollera o no, demuestra debilidad de ambos lados. Debilidad de quienes quieren pegarle al Gobierno y recurrieron al valor supremo de la honestidad: la falta de fidelidad a una esposa. Debilidad de un oficialismo que nos mostró a un líder carismático y honesto, protector de una esposa a la que abrazaba llorando en cada acto, pero que tenía cervicalgia provocada por el peso de los cuernos.
Hay que aclarar las cosas. Apuntar a la clandestinidad de una amante en el país que ha hecho un culto de las películas de Olmedo y Porcel y en el que Sabina es ídolo, convierte a un gran número de críticos, en hipócritas. Si van a pegarle a Néstor y Cristina por lo que pasaba en sus sábanas, al menos sean claros y apunten a la imagen de familia perfecta que nos mostraban mientras sabían ambos de los cuernos del otro.
Nos estafan día a día con la inflación, con los subsidios indiscriminados, con los apoyos a la burocracia sindical a la que dicen combatir, con la riqueza obscena que ostentan día a día funcionarios que hasta hace un par de años eran pobres y hasta nos tratan de imbéciles y golpistas por pensar distinto ¿qué nos cambia saber que, encima, Cristina tenga la cornamenta de un alce canadiense? Obviamente, se trata de una cuestión de valores, nuevamente. 
Algo similar podríamos encontrar del lado kirchnerista. Un gobierno que utiliza el aparato de los servicios de inteligencia para saber vida y obra de propios y ajenos, para luego armar operaciones de prensa de desprestigio por lo que hacen de su privacidad cada uno, tiene que callarse la boca y aguantarse que esta. En definitiva, es la misma moneda y no es tan grave.
Después de todo, seamos sinceros: aguantarse a la Presi sin maquillaje, constipada y con las extensiones despeinadas, paseando en ropa interior al salir de la cama, nos convierte a todos en potenciales piratas.
Lunes. ¿Opción A u Opción B?