De relatos y mitología en la grieta

Primer acto: Cristina, que todos los jueves toma el avión del Presidente para pasar el finde en el sur, decide quedarse en Buenos Aires.

Segundo acto: espontáneamente, aparece en la puerta de su casa hasta el gobernador bonaerense, feliz de la vida de volver a su ciudad.

Tercer acto: se arma bardo, denuncian represión, piden imposibles.

¿Cómo se llama la obra? Inventemos un nuevo relato.

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Así comenzaba el texto que tenía prácticamente terminado anoche. Son cuestiones que aún conservo de las redacciones: una columna semanal se escribe de a poco durante la semana. Pero una sorpresa sería que la Argentina no dé sorpresas.

Luego de que hicieran de todo para sacar a la Policía de la puerta de la casa de Cristina le ampliaron la custodia por parte de la fuerza policial a la que pertenecen dos de los únicos tres procesados en la causa de Nisman.

No debí entrar a Twitter a ver qué pasaba. Pero lo hice. Duré poco, luego de ver que un sinfín de personas aseguraban que uno de los acompañantes de Cristina se alejó cuando vio el arma y como prueba puso el video de la acción… en reversa.

Entonces, como no quiero ser deshonesto con el autor de lo escrito, haré algo que prohibe cualquier manual de supervivencia: decidí publicar el texto original. Luego, el agregado sobre lo ocurrido anoche.

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La historia está hecha de grandes mitos. Ni María Antonieta mandó al pueblo a comer pasteles, ni Einstein era un mal estudiante. Hasta podríamos agregar que Enrique VIII en realidad murió como un devoto católico.

Todo es propaganda para la construcción del poder propio y la destrucción del ajeno. Propaganda de un bando hacia su propio bando y, la más efectiva, hacia el otro.

No es un invento de los fascismos ni mucho menos de los soviéticos sino algo que existe desde que hay personas que gobiernan a otras. Lo que sí ha cambiado con el paso de los años fueron dos cosas. Primero es el acceso a la información en las democracias. No, no es solo la tecnología. Si así fuera no viviríamos en esta infodemia permanente en la que ya hay gente que cree que realmente la Tierra es plana. La democracia permite la alternancia. A veces muy de vez en cuando, con lo cual todos están tentados a revisar lo anterior.

El segundo factor imponderable es la extensión de la expectativa de vida. Hace medio siglo un hombre de 80 años era un milagroso harapo de piel. Hoy es la norma saludable. O sea: es posible inventar una historia de vida heroica o victimista; que sea creíble depende de la inocencia del receptor. Ahora, que el invento se sostenga en el tiempo requiere complicidad o estupidez. Y en buena parte es gracias a que existen testigos que trascienden generaciones.

Pongamos un ejemplo sencillo. Cristina Fernández recordó que en la dictadura pasaban cosas feas cuando a su difunto esposo se le dio por reescribir su accionar durante los años oscuros. Ya se habían hecho los boludos con el menemismo que había finalizado tres años antes en un país cuya unidad de tiempo es el período transcurrido de un mundial al otro. Imaginemos lo que puede suceder si nos hablan sobre algo que terminó antes de que nacieran los que hoy pisan los 40.

A principios del kirchnerato, algunos mirábamos azorados cómo se hacían los boludos con cara de enojados por lo que habíamos dejado que ocurriera durante la década de los noventa. Nosotros, incluso los menores de edad, culpables de votar como el orto; no ellos que eran el poder. Nosotros, culpables de no haber resistido a la dictadura con un biberón y un sonajero, no ellos que aprovecharon la represión ilegal para enriquecerse.

Embanderados en la representación de la maravillosa generación de jóvenes idealistas reinventaron que los Montoneros luchaban por la democracia y que, evidentemente, aspiraban a un capitalismo de amigos.

Cristina, que lo más cerca que estuvo de un montonero fue en los bailes del Jockey Club de La Plata, generó un efecto masivo que compraron hasta los detractores. Para atacarla, a veces se refieren a ella como “la montonera”, cuando tan solo es un flan ideológico que dio tantas vueltas que ya no sabe siquiera en qué cree.

Aprovechó que no puede sumar un voto y encaró esta semana el “divide aún más y reinarás” al meterse en la interna de la oposición. En clara referencia a Patricia Bullrich dijo “algunos siempre fueron violentos”. Por si quedaban dudas, días después trató a Bullrich de alcohólica.

Así, ser montonero volvió a ser sinónimo de violencia. Quizá les entendimos mal a principios de siglo. Tal vez la maravillosa juventud idealista a la que decían pertenecer era la que soñaba con salir de joda al Mau Mau con Sandro, Jolly Land y Claudio García Satur y no aquella que aspiraba a vivir en sótanos húmedos con Montoto, Firmenich, Arrostito y Perdía.

Y sí, si definimos que violento también lo es quien integra un grupo terrorista -aunque no lo crean, sembrar terror mediante atentados se considera terrorismo- Patricia Bullrich lo fue. Integró Montoneros, tenía nombre de guerra y todo cuando Cristina apenas era la novia de un abogado carroñero. ¿Cómo es que siempre fueron violentos si esos son los valores que Cristina dice representar desde “el amor”?

Que Bullrich tenga entre sus seguidores algunos con mentalidad conservadora que la miran con admiración no es de sorprender. Gran parte del delirio de aquellos jóvenes de ayer era la ensalada que tenían en la cabeza: marxistas burgueses, ultranacionalisas y católicos. Un oxímoron armado hasta los dientes. Bullrich habrá cambiado de forma de pensar el capitalismo y hasta abrazó la democracia. Su forma marcial de entender el resto de los asuntos de la vida no implica ningún cambio. En todo caso expone la mentira de los que dicen haber sido lo que ella sí fue.

Pero ya que me metí en terreno propicio para comerme puteadas…

El PRO fue fundado por Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta entre otros. Y entre esos otros, Bullrich no estaba. Pero no es que no estaba cerca: era la denunciante número uno de todo lo que hiciera Macri. Hoy es la Presidenta del PRO y, en buena medida, eso solo debería bastar para imaginar la cara de Larreta cada vez que Bullrich le pega en la rodilla. Públicamente, no vaya a ser cosa que limpien los trapos sucios en privado.

O sea: algunos de los que acusan de montonera a la empresaria hotelera lo hacen desde el espacio de una ex montonera real que fue denunciante serial del partido que hoy preside.

Reescribir la historia no es lo mismo que cambiar de parecer. Todos cambiamos, la vida es una constante evolución. Pero que un marxista no afiliado al justicialismo diga que el macrismo va en contra del peronismo, es como mucho. Pero ocurrió en boca de Kicillof. Sin embargo, cuando estos cuarentones inmaduros aún se la pasaban de joda -como corresponde- el PRO embrionario contaba en sus filas con:

-Larreta, ex funcionario todoterreno de Menem y luego de Duhalde. Ya que es fácil correrlo con el PAMI, fíjense en nombre de qué partido fue su interventor. Sí, del PJ.
-Diego Santilli, que hasta integró una lista con Alberto Fernández y Víctor Santa María.
-Christian Ritondo, ex secretario nacional de seguridad de Duhalde.
-Maximiliano Corach. Corach.

Básicamente, había más peronistas en el PRO que en el PJ porteño. De hecho, en 2005 Macri se apalancó sobre PRO, que en aquel entonces era una alianza llamada Propuesta Republicana y contaba con el partido Recrear, de López Murphy, y con el Frente Justicialista para la Liberación. Sí, el FreJuLi.

Creo que ya lo dije mil veces, pero en tiempos en los que la vara se mide entre peronistas y antiperonistas hay que recordar que, salvo que voten al Frente de Izquierda de los Trabajadores, es imposible no meter en la urna algún nombre 100% libre de peronismo en sangre. ¿El paroxismo? Bueno, si votaste lista completa de Cambiemos en CABA, metiste a Pichetto, Larreta, Santilli y Ritondo. Y justo en estas semanas judiciales, creo que no hace falta recordar quién se opuso a quitarle los fueros a Cristina cuando era senadora.

Pero volvamos a la construcción del nuevo relato cristinista, para lo cual hay que tener consideración el uso y abuso de las palabras. En estos tiempos en los que llamamos violencia a cualquier cosa que altere nuestra estructura mental, vale recordar que el orden no es violento per sé, que si existe una represión ilegal quiere decir que hay otra legal y que el Estado es quien tiene el monopolio de la fuerza.

Si la fuerza policial arresta a un sujeto mientras comete un delito, lo que hace es reprimir. ¿Alguien, además del chorro, se opone? Es más, las leyes que fundaron todas y cada una de las fuerzas de seguridad de la Argentina dicen que la principal función de ellas es la prevención del delito y la represión del mismo cuando ya se comete. El Código Penal vigente en todo el país dice la palabra “reprimido” 213 veces.

Por ejemplo, el artículo 194 dice que “el que, sin crear una situación de peligro común, impidiere, estorbare o entorpeciere el normal funcionamiento de los transportes por tierra, agua o aire o los servicios públicos de comunicación, de provisión de agua, de electricidad o de sustancias energéticas, será reprimido con prisión de tres meses a dos años”. Hasta yo cometí ese delito al participar en alguna marcha. Supongo que zafé porque era una protesta y porque ningún quiere comerse el garrón de tener que tomar un millón de declaraciones indagatorias.

Ahora, cuando el corte se prolonga en el tiempo o se hace una costumbre ¿qué se hace? Si es una protesta pacífica, ¿qué se hace? ¿Qué pesa más, el derecho a manifestarse o la paz de los que no pueden hacer nada por el reclamo ni aunque coincidan? Lo cierto es que cualquier discusión técnica al respecto se fue por el inodoro en el instante en que funcionarios públicos y legisladores nacionales decidieron hacer valer su prerrogativa de sangre nobiliaria –nuevamente, la Constitución es una lista de sugerencias– y se cagaron en todo.

¿Pueden generar violencia las palabras? Obvio. Si hasta el Papa sostuvo que si insultan a su madre él devolvería una trompada. Lo dijo para que todos entendiéramos qué pasó cuando un grupo de homicidas masacró la redacción del Charlie Hebdo en el nombre de su dios. Un copado. Pero amenazar con violencia es una amenaza. Lo dice el diccionario y lo dice el análisis sintáctico.

Sin embargo, a la viuda de Kirchner se le dio por comparar los incidentes de Juncal y Uruguay con la represión de diciembre de 2001. O sea: que hayan hecho quedar en ridículo al ridículo de su hijo es igual a 42 muertos. Después no quiere que nos caguemos de risa del bebote.

Que haya llamado a repensar la autonomía de la Ciudad de Buenos Aires es otro paso más en su camino de destrozar todo a su paso. Es como si hubieran mandado a juicio oral a Carrie: es más probable que se derrumbe el país antes de que la toquen a ella en un ataque de furia.

A criterio personal, Cristina se dedica a desvíar la conversación sobre la agenda cotidiana. Esta semana llegan los aumentos de tarifas y el recorte hasta de los presupuestos para discapacitados, pero hablamos de sus planteos. Si lo hace a propósito, es una estratega.

Se podrá repensar mucho la autonomía de la Ciudad, pero nada más que eso. Es autónoma por mandato constitucional. Si no lo sabe como exitosa abogada debería saberlo por haber levantado la mano cuando votó a favor de esta constitución en 1994.

El delirio fue tal que llegó a afirmar que esta es una ciudad que debe repensarse porque “por esta Capital hubo guerras civiles durante todo el siglo XIX, así que, creo que, deberíamos replantearnos, también, el funcionamiento jurisdiccional de cómo se debe ejercer la jurisdicción y cuál es el rol del gobierno federal, también, en una ciudad como ésta”.

Qué pedazo de oradora. Se fue a la época en que Buenos Aires era la Capital de Buenos Aires. Solo frente a los burros de sus legisladores puede decir tamaña barrabasada y sentirse erudita.

A la salida, Mariano Recalde se inmoló y arrojó que ”cada vez que el macrismo tiene a su cargo una fuerza de seguridad la usa para reprimir y castigar a los que piensan distinto. No es novedoso. Fue una provocación poner vallas”.

Hasta 2009 en la Ciudad de Buenos Aires solo existían fuerzas federales. El control del cuerpo de infantería, las comisarías y todo el aparato de la Seguridad Urbana recién fue transferido de la Policía Federal a la Ciudad en 2016. Pero en la Argentina existen 24 fuerzas policiales locales más cuatro federales. ¿Hablamos de las represiones del interior? Ahora que el gobernador de La Rioja nos boludea con una mentira para tapar que le encontraron a 30 parientes acomodados en el Estado, todos aseguran que la ciudad no es autónoma. Hasta Cristina dijo que la constitución que ella votó no habla de autonomía cuando lo dice explícitamente en su artículo 129. ¿Mis colegas? Buscaron opiniones a favor y en contra en vez de asomar la cabeza para ver si realmente llueve.

Pero hablemos también de los muertos a cargo del partido que de pronto vio la luz en 2003. Hasta pasaré por alto el millar de homicidios de los grupos guerrilleros porque aún no se sabe a ciencia cierta cuántos corresponden exactamente a cada grupo. No mencionaré el homicidio de Vandor, Rucci, Villaflor y Alonso, tampoco hablaré de los 13 muertos y 360 heridos en la Masacre de Ezeiza, ni de los casi 700 muertos atribuídos a la Triple A. Pasaré por alto los asesinatos de la Concentración Nacional Universitaria, como el militante asesinado junto a sus dos hijos y un sobrino en un operativo llamado “Cinco por uno”; tampoco hablaré del Comando de Organización.

Pero el 9 de agosto de 1974 las Fuerzas Armadas capturaron a 16 guerrilleros prestos a copar el Regimiento de Infantería Aerotransportado 17 de San Fernando de Catamarca. Sí, eran terroristas. Pero los detuvieron a tiempo. Los fusilaron. Estábamos en democracia.

Los decretos que alteraron las funciones de las Fuerzas Armadas para que pudieran reprimir a los grupos guerrilleros fueron firmados por el Poder Ejecutivo de 1975. Estábamos en democracia.

El Plan Cóndor fue oficializado en Santiago de Chile en noviembre de 1975. No en 1976. Repito: 1975. ¿Se entiende qué es el Plan Cóndor y cuál gobierno lo firmó o necesitan más fotos con Pinochet y Stroessner?

Y ya que les encanta ponerle dueños a las policías, hay que comenzar a aplicar la misma metodología. Supongamos: la policía de Felipe Solá se cargó a Maximiliano Kosteki y Darío Santillán. La policía de Nestor Kirchner dejó más de cien heridos en la represión en la puerta de la legislatura porteña en 2003.

Puede que lo de “no reprimimos la protesta social” les borró el disco rígido, pero la policía de Kirchner corría con balas de goma, bastonazos y gases lacrimógenos cada protesta ante la delegación del FMI.

Fue la policía del compañero Rodríguez Saá la que se cargó a Florencia Morales y la hicieron pasar por un suicidio. Fue la policía del compañerazo Juan Manzur la que corrió a tiros y mató a Luis Espinoza. Provincias distintas, mismo delito: violar la cuarentena.

Ya que hablamos de provincias y cuarentenas, fue la policía de Kicillof la que se cargó a Facundo Astudillo Castro. Así como la policía de Scioli desalojó huelgas con balas de goma, gases y el grupo Halcón.

En 2014 se alinearon los planetas y la policía de Scioli se sumó a la policia de (¡ups!) Cristina y la gendarmería de (¡ups!) Cristina para fajar y encanar a los huelguistas de la fábrica Lear. Eran los tiempos en los que la Gendarmería de (¡ups!) Cristina se infiltraba en las agrupaciones. Digo, para los que comparan a un uniformado que filma con la dictadura.

Y como ahora los vallados también son dictatoriales, cómo olvidar todos los años que tuvimos a la Plaza de Mayo y sus calles adyacentes partidas al medio por uno de dos metros amurallado al piso.

Hay que ser cararrota. Hay que ser el máximo exponente del cinismo. Lo que hoy dicen para que nos matemos mañana será reemplazado por otra cosa. Ya nadie recuerda la revolución de Juncal y Uruguay, mañana nadie recordará que quisieron reescribir lo que dice la Constitución. Lo que no cambia es el desastre. ¿Cuál será la próxima pastilla que nos tiren para que no hablemos de nuestros problemas en vez del de Su Majestad?

En fin. Nadie dará un café por este texto. Eso sí, agárrense de donde puedan que se avecinan turbulencias.

Buen finde.

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Y eso es lo que tenía escrito. Supuse que había que darle un contexto en estos tiempos en los que todos acusan violencia mientras te revolean un adoquín por la cabeza.

Removieron las cámaras, quitaron a la Policía de la Ciudad, compararon una trifulca con la masacre de 2001 y ni siquiera tuvieron la prudencia de tener a la custodia de Cristina pegada a Cristina. Chicos: tienen un solo trabajo. Uno solo. Uno. No puede ser que en este país tan berreta hasta los atentados sean berretas. De hecho, hay que agradecer que el pelotudo del arma también es berreta, sino ahora estaríamos todos con los huevos en la garganta.

Alberto dio una Cadena Nacional en la que aseguró que todo se trató de las consecuencias del discurso del odio mediático, judicial y de todo el mundo, menos de ellos. Ya resolvió el caso, en medias, desde Olivos. Luego dijo que los argentinos no podemos perder un minuto más… y anunció un feriado para que la gente pueda manifestarse en paz.

¿En serio cree que esa es una forma de garantizar la paz? Un juicio puso a demasiada gente alterada, imaginate la sensación de ver un arma gatillada sobre la cabeza de la Guía Espiritual. ¿En serio parece una buena idea promover una movilización?

Amalia Granata, desde la loma del ojete, se caga de risa de lo que para ella resultó una escena armada. El bloque justicialista de su provincia ya pidió su expulsión. Y así nadie, nunca, corta el círculo.

Desde el antro rosado me chiflaron que la intención de Alberto era parar la pelota para que se reacomoden todos frente a lo que ocurrió. El tipo está en modo árbitro pero con la camiseta puesta. La culpa es de todos los demás. No tiene la más puta idea de qué pasó, qué motivó al pelotudo que se encuentra detenido, no sabe absolutamente nada que no sepamos nosotros. Nosotros, que tampoco sabemos nada, ya tomamos posición y ya sabemos qué creeremos.

La verdad es que nos tengo miedo y lástima, y no me refiero al pobre boludo que se fue a dormir a las diez de la noche para irse a laburar a las cuatro de la matina y no entienda nada porque Alberto llegó otra vez tarde al anunció al que él mismo le puso hora. En serio digo que nos tengo miedo y lástima porque nadie frena.

A Cristina no se le presta atención y se apaga. 70% de imagen negativa y nos volvemos locos cada vez que habla. Y no frenamos. Me incluyo. Ahora tenemos una convocatoria para repudiar a… para repudiar a… ¿A quién? Modelo para armar: elija quién es el culpable. Y ya sabemos contra quiénes cargarán.

Hay gente, todavía, que supone que esto no puede pasar a mayores porque no hay grupos armados en el país. En este país. Acá ponés un detector de metales en la puerta de un sindicato y explota. Barras bravas, grupos narcos, pibes que tienen su primer arma antes de la llegada del acné y el descontrol del mercado negro.

Les juro que si tuviera mi economía resuelta desaparezco del mapa. Harto. Totalmente harto de todo.

Buen finde largo. Disfruten de todo eso que no hacen por vivir pendientes de gente que no nos registra.

Nicolás Lucca

 

 

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