El Cirque du Milei

Mientras el gobierno miente con la licitación del gasoducto, no puede controlar la inflación, apoya dictaduras y deja entrar un viaje de egresados con colegiales de la Universidad del Terrorismo, los armados políticos no parecieran querer darnos una perspectiva a futuro que no constituya un cuadro psiquiátrico de angustia masiva.

Hace poco más de un mes, desde esta misma página, abordamos el lastimoso acto de reclamar un voto útil. La compulsión de pedirle a alguien que vote una cosa que no le gusta para evitar que gane algo peor. En aquel entonces había planteado que, si los partidos no registran que hay un sector cada vez más grande que sostiene que el Estado es un escollo, no culpen al que levanta esa bandera.

Pero algo pasó. Bienvenidos al Cirque du Milei, un culebrón con todos los ingredientes: una hermana odiada por todos, tarotistas, cosplayers, el infaltable tío quilombero, megalómanos, delirios místicos y una vida de lujos que hasta hace quince minutos no existía.

Uno suponía que, si en algún momento se armaba una interna, la misma sería entre dos mesas: la de los advenedizos (hoy son libertarios, hasta hace cinco minutos eran peronistas clase B); y otra conformada por liberales románticos y los autopercibidos liberales que hoy blanquean su abrazo a la derecha.

Sin embargo, la pelea dentro de La Libertad Avanza quedó entre un minúsculo grupo de personas que estuvieron desde el minuto cero y el resto de la conformación que se caracteriza por ser ultra conservas y/o hijos de: un Menem, un Bussi, un Avellin, un Urtubey. Milei tiene una palabra para esta segunda clase de sujetos que tienen presencia solo por portar apellido; creo que les dice “la casta”.

Toda esta segunda parte es la ola de los que se sumaron al fenómeno y desplazan a los que armaron el fenómeno. En medio, los principales perjudicados son aquellos que se ilusionaron con un espacio afín.

El primer armado de Milei tenía una pata política con experiencia en jugarle al tercero: la línea militante Lavagna-Massa. Pusieron la experiencia de la rosca y armaron los equipos. Sin figurar empujaron a Milei de un 4% de intención de voto al 17%. Pero a medida que crecía la expectativa de un buen resultado, aparecieron otras personas que montaron un delirio aún más hermoso. Y Karina Milei, la hermana del diputado, vio que la cosa se ponía linda y acaparó a su hermano. Hasta ahí nada que pueda sorprender.

Pero con el brindis de fin de año parece que a algunos se les cumplieron los deseos. A Karina se sumó Carlos Kikuchi, un hombre tan habilidoso para la política que cree que, en un año electoral en el que todas las provincias desdoblarán sus elecciones para no quedar pegadas a Alberto, Milei no necesita figurar en un armado nacional que pueda arrastrarle votos. O sea: que lo usen y se joda.

El quilombo de los desilusionados cuenta escenas que distan un poco del “no necesito de los lujos del Poder”. De enero a esta parte los hermanitos pegaron vuelos privados desde el aeropuerto de San Fernando y Karina hasta cuenta con chofer personal que andá a saber quién lo paga. Creo que Milei tiene una definición para quienes toman este tipo de actitudes desde el Poder: les dice “la casta” o algo así.

La codicia es uno de los pecados capitales, lo dicen las Sagradas Escrituras que tanto cita don Javier. Que empresarios relaten entre risas que pagaron entre 10 y 20 lucas gringas por cabeza para tener una reunión y una foto con el nuevo mesías, es toda una situación de la que cuesta abstraerse. No es nada que no se vea en otras figuras relevantes de la política. El que dice que es distinto es él mismo.

Ante tan bonita escena, calculo que resultará normal que dos hermanos que fueron absolutamente intrascendentes y desconocidos hasta hace menos de tres años, hoy no acepten el consejo de nadie.

Y sí, obvio que les iban a tirar a matar. Era cuestión de tiempo.

Pero antes que nada, la definición. Todo un brete, dado que ni ellos mismos se ponen de acuerdo en cómo llamarse. Libertarios o la nueva derecha no son sinónimos. Incluso el término “La libertad avanza” es tan ambiguo que el principal debate posterior a las revoluciones de la Ilustración fue si la libertad es individual o colectiva; si es del hombre como individuo o del hombre como especie.

Hace unos meses le pedí a un amigo que me ilustrara en el concepto de liberalismo popular. Debo reconocer que me resultó muy interesante. De hecho, mientras lo escuchaba recordaba el debate sobre si el predicamento liberal debe hacerse hacia las élites o hacia las capas medias de la sociedad. Si la transformación se evangeliza de arriba hacia abajo o viceversa.

Cuando se comienza a profundizar el concepto nos encontramos con exponentes en todo el marco occidental que, amparados en el pragmatismo, están dispuestos a sacrificar algún que otro ideal liberal en pos de conseguir que las masas medias y bajas se alejen del Estado híper intervencionista y asuman, de una vez por todas, las riendas de su propio bienestar con un Estado que lo único que hace es no romper las bolas. Y debo confesar que un poco me enamora la idea.

Lamentablemente pasa en otros países.

Aquí se ha armado una mermelada difícil de desarticular por una sencilla razón: culturalmente el liberalismo se ha visto derrotado por el resultado de personas autopercibidas como liberales y que abrazaron a dictaduras o al peronista mejor vestido. No sé si es más extraño que haya liberales que se referencian con dictaduras o que todavía existan sujetos que hablan del liberalismo noventoso, cuando la cotización del dólar estaba fijada, atada y remachada por ley.

Existen grandes eminencias del liberalismo que nunca consiguen descollar de forma popular. El presidente del Instituto Mises, Jeff Deist, dio su parecer respecto de la forma de expandir el libertarismo. Sostuvo que “no es necesario profundizar aún más en teorías políticas”, sino que son necesarias las personas que resulten “amistosas” con el estilo de vida del ciudadano común. Básicamente, pidió que se hable en criollo para que entiendan todos.

Está claro que en la Argentina el libertarismo decidió apuntar del mismo modo. Y apuntaron bien. Lástima que el argumento se centró en lo económico y la captación popular pasó por la moral religiosa a la marchanta. Así es que la oferta disponible para encarar el camino de “mejores liberales” derivó en un núcleo minúsculo de intelectuales con los que se puede o no coincidir, pero que no alcanzó para evitar que todo derive en Milei citando al Talmud para defender la venta de órganos porque “mi cuerpo mi decisión”.

Más allá de que es el mismo argumento a favor del aborto al que se opuso desde la moral, convengamos que decir que el comercio de órganos humanos “es un mercado más” lleva a que uno se la quiera cortar. Y no para venderla. Fue el principal causal de la caída de su imagen el último mes. Y no, no le puede echar la culpa a Larreta.

En la necesidad de un armado el libertarismo ha girado hacia lo posible y terminó copado por un nacionalismo cristiano. Algunos podrían teorizar sobre la confusión entre el iusnaturalismo del liberalismo y el derecho divino, pero no creo que nadie se atreva a tanto.

Hay que reconocer que queda un dejo de derechismo si traspolamos mal a Rothbard. Como todo en la Argentina, que nos gusta traer ideas de afuera y adoptarlas como el orto y sin leer demasiado, cuando Rothbard acuñó el término “derechismo libertario” acá deben haber pensado que ser de derecha y libertario es lo mismo. Y el hombre solo abrazaba la teoría de la legislación conservadora en materia de propiedad privada. Igual, no es de prejuicioso, pero dudo mucho que se haya profundizado demasiado en estos textos a la hora de militar a un político. De hecho, no sucede en ningún partido. En ninguno.

Nos vendieron una revolución liberal; nos quedó un nacionalismo sui generis y tan conservador que Maslatón, desde la comodidad de su vida galerita en el Kavanagh, sostiene que el mejor lugar para la Argentina “es el tercer mundo” en vez de la decadencia primermundista. ¿A quién le puede convenir no ser un país desarrollado?

Nobleza obliga, ha sido Maslatón quien incendió la interna de cara al público al acusar de tirana a la hermana de Milei. Cualquiera que haya escuchado hablar al diputado sobre su vida privada sabe que su deidad suprema es Karina. Nadie se habría enterado del bardo si Maslatón hubiera seguido en su lisérgico viaje tuitero en el que Putin viene a salvar a la Unión Soviética de caer bajo las garras del nazismo occidental.

Maslatón ama el quilombo. Lo lleva en la sangre y lo ostenta con orgullo cuando cuenta lo que disfrutó del despelote político en tiempos universitarios “y si había que cobrar, a aguantarse”. Por cuestiones de edad, desde 2012 para acá lo ví putear a Cristina, ir en una lista con Alberto Rodríguez Saá y alentar a Mauricio Macri. También lo vi despedazarlo, celebrar, vitorear y aplaudir a Alberto Fernández. Y festejar la cuarentena, criticar a la cuarentena, cagarse en la cuarentena y comer clandestinamente afuera, 100% barrani.

Independientemente de si se trata de un loco o no, de pelotudo no tiene un pelo. Que vincule al Jefe de Gobierno porteño con la intención de “infiltrar” al “movimiento” del “comandante Milei” da para un par de cosas. Primero, levanta a Rodríguez Larreta a la altura de un ser maquiavélico, una mente maestra para destruir al espacio que supuestamente le resta votos. Si alguien cree que a Larreta le da para pergeñar tamaño acto cuando no consigue que Macri le apoye la candidatura presidencial, que levante la mano.

Segundo: desde que Sergio Massa rompió con el kirchnerismo en 2013, Maslatón ha retomado de alguna forma u otra, su vínculo con el diputado, a quien conoce de cuando militaba en la Juventud de la Ucedé. No volvió a romper cuando Sergio se sumó al Frente de Todos menos Alberto.

Pero si Massa tiene un amigo dentro de la política, ese se llama Horacio Best Friend Forever Rodríguez Larreta. ¿Entonces? ¿Es una jugada para destrozar todo y culpar a Larreta por lo que a Larreta supuestamente le conviene? ¿La idea es creer que la hermana de Milei es empleada del Jefe de Gobierno? ¿O el infiltrado es Kikuchi? ¿Cómo sería la jugada de Macri, hipnotizar a Milei para que se siente a cafetear con Pato Bullrich a la vista de todos? ¿O acaso le lavaron la cabeza para que diga todo lo que dijo y se caiga 10 puntos de un mes al otro? Si los seguidores lo creen, vaya, pase y proceda.

Más allá de todo esto, cuando Maslatón habla en serio, como en la nota que dio a Grito del Sur, afirma lo mismo que dicen todos los decepcionados: que la militancia fue “degradada a insectos”, que Milei descree de la instrumentación política de las ideas y que no se puede hacer alianzas con partidos desaparecidos.

Tampoco es que quiera colocar a Milei en el lugar de pobrecito entre tantas traiciones. En menos de un año, José Luis Espert pasó de ser “el profe”, “mi maestro”, “mi modelo a seguir” a un sencillo “es un buen economista”. Nadie puso una pistola en la cabeza de Milei para que arme alianzas con los más impresentables del país; o para que encuentre puntos en común con Juan Grabois ni para que diga que su hermana es Moisés y el Aarón. Fue el propio Milei el que blanqueó que concurrió a una reunión con Mauricio Macri. No dijo que lo llevaron secuestrado. Y todo para que después se pregunten qué pasó que arma un acto y lleva 1.500 personas. Hace seis meses no bajaban de 20 mil asistentes. O se dieron a la fuga o son team verano.

Antes podíamos decir que los liberales vernáculos eran conservas que no querían pagar impuestos. Hoy se ha cruzado una nueva línea y tenemos en una misma persona las citas bíblicas y la reivindicación libertaria. El día que alguien le pregunte qué opina sobre el derecho libertario al suicidio, quiero ver cuál parte de las sagradas escrituras saca a la luz.

La única duda que nadie pudo explicarme hasta ahora es qué onda con la relación entre Milei, los estafadores criptos y los estafadores coaches. ¿Pagaron para que Milei los promocione? ¿Fue idea de la hermana? ¿El mejor economista de todos los tiempos cree que se puede ganar retornos siderales en treinta días de forma legal?

Otro punto bonito es el lugar que les quedó a los liberales de fundaciones y eventos. Hoy tienen que joderse por sectarios y por alquilarse gratuitamente a Macri sin recordar que son centros de pensamiento y no unidades partidarias. Milei se los comió entre dos panes con una gira teatral, demagogia verbal y guita para eventos que hay que ir a buscar a las sagradas escrituras para poder encontrar una justificación. Ahora hay que bancarse que las bases del liberalismo sean el Talmud y la Biblia y que, aunque Milei se caiga, la imagen del liberalismo vuelva a quedar pegada a gente dudosa.

Dios, Patria y hogar, mesianismo puro a prueba de balas de plata. Nacionalistas, ucedeístas, boludos que se sacan fotos con escopetas y personas cuya mayor virtud es seguir el dedo que señala sin cuestionar nada, aunque carguen contra los principales teóricos de la ideología que dicen sustentar.

Argentina del siglo XXI, man. Un lugar perdido en un universo paralelo.

Pero volvamos a las matemáticas y el utilitarismo electoral.

Si yo fuera opositor con aspiraciones, no estaría tranquilo. La división de votos siempre fue interna y les regalo eso de hacer equilibrio entre las propuestas del radicalismo, el peronismo de remera de Larreta y las ideas instaladas por Milei antes de ahogarse en su propia autoestima. De las elecciones pasadas a esta hay doce puntitos a la deriva. No vaya a ser cosa que los militantes queden, cual Minions, a la espera del próximo villano favorito mientras votan en blanco.

Nicolás Lucca

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