El día después de mañana

Ser eterno, hallar la fuente de la vida, ser recordado para siempre, que las masas te adoren forever. Creo que todos deseamos algo así alguna vez, pero luego maduramos o estudiamos y notamos que es un imposible. O prácticamente imposible.

Nunca logré comprender a quienes quieren ser recordados para siempre en una historia que ha tenido a 115 mil millones de seres vivos y la mayoría de los mortales no sabe los nombres de sus bisabuelos. 115 mil millones de personas y los eruditos reconocen un par de miles por sus nombres. De todos los que nacieron antes del siglo XIX ni siquiera sabemos a ciencia cierta como eran sus rostros. Tomar conciencia de esto es duro.

Por eso siempre desconfié del “animal político”, dado que no es psíquicamente humano. A ustedes las elecciones los ponen eufóricos o depresivos, pero a mí me hacen pensar siempre en el día después. El lunes luego de un Boca-River hay gastadas, pero el dólar no salta ni baja, no se suman miles de pobres, no se pone en riesgo el proyecto de vida de nadie.

Por definición, el “animal político” tiene una forma de comportarse en la que respira política, se alimenta mientras hace política, va al baño y hace política, se ducha y hace política y quiere perdurar en la historia. Tanto esfuerzo para ser querido es obvio que se puede volver destructivo ante el desprecio de las masas. Imaginate si perdés el control del Senado por primera vez desde la vuelta de la democracia. Pensá si tenés que fumarte que saliste tercero y cómodo en provincias que eran tuyas. Imaginate si tu jefa te acusa tácitamente de ser el Mariscal de la derrota y te deja solito en el acto de cierre porque ella nunca pierde ni cuando pierde. La copada del barrio.

Cuadros, fotos, bustos por aquí, estatuas por allá, calles con sus nombres, una rotonda, un lomo de burro o una universidad. Todos sueñan con ser próceres de la historia pero poquititos trabajan para ello.

En el caso de Alberto, honestamente no sé en qué momento pensó que era factible salir airoso de una alianza con la persona más rencorosa de este lado de la Vía Láctea. O sea, de Cristina no sorprendía nada, pero Alberto, que siempre fue un empleado de un político más poderoso, debería haberse dado cuenta dónde se metía. Mucho menos comprendo a los que vieron en él a un tipo que venía a sacarse de encima al kirchnerismo. Ya dije mil veces que él esperaba la embajada en Madrid y le tiraron con la embajada de Cristina en Balcarce 50.

“Pero Alberto es un gran armador, un tipo que solo vive para la política”. Creer que un gran armador político puede ser un gran presidente es como dar por sentado que un mecánico será indefectiblemente un buen piloto de carreras.

Y Alberto siquiera fue un gran armador político. Participó en la rosca de las campañas Duhalde para la presidencia en 1999 –desde un lugar secundario y perdieron–, la de Domingo Cavallo para jefe de Gobierno en 2000 –desde la primera línea, perdió Mingo pero Alberto consiguió una banca–; la de Néstor Kirchner para presidente en 2003 –en segunda línea, pero ganaron– y se dedicó a oficiar de correveidile de Néstor en la campaña para Senadora de Cristina en 2005 y Presidenta 2007. Ese mismo año tuvo la brillante idea de convencer a Néstor de apoyar a Daniel Filmus como candidato porteño en vez de a Jorge Telerman. Inauguró la carrera ejecutiva de Mauricio Macri y una próspera trayectoria de Daniel Filmus como eterno derrotado.

En 2009 se borró, en 2011 también, en 2013 y 2015 jugó para Sergio Massa, en 2017 para Randazzo y volvió con todo en 2019. Ya quedó claro que no es un gran piloto. Cuestionemos un poquito sus capacidades de mecánico porque las estadísticas de gran armador tampoco lo acompañan. Y mejor ni hablar de su habilidad discursiva.

Poco antes de la veda, el tipo que tiene su apellido en el despacho presidencial hizo una autocrítica por el resultado de las PASO: “No comprendí la dimensión”. ¿Se puede estar tan aislado de la realidad? Loco o cínico, no hay una tercera opción. ¿En qué país vive, maestro? ¿Desde el helicóptero no ve nada? ¿Los ministros no le llevan informes? ¿No prende la tele ni abre un diario?

Ahí lo tuvimos con un discurso desde la casa, grabado, leído, editado. El gran armador pide una oposición responsable y llama al diálogo mientras los culpa de la situación económica. Inútil aún en la derrota, convoca a la oposición a un plan económico por ley luego de repetir durante dos años que él «no cree en los planes económicos». No importa el delirio que envíen al Congreso, si no sale será culpa de quien diga “eso es un garabato invotable”.

Quien dirige las políticas económicas del país es el Poder Ejecutivo. Alberto ahora tira la pelota afuera y se mueve en las dos dimensiones: un discurso para la oposición, otro para la militancia. Así fue que minutos después de su esquizofrénica perorata convocó a la militancia a «celebrar este triunfo». ¿Qué triunfo? ¿Ganó un solitario mientras viajaba al acto?

Los que sí midieron el impacto y decidieron torcer el rumbo fueron los militantes del “volvimos mejores”. Fue curioso, por llamarlo de algún modo decoroso y no decir “de hijos de puta”, la bajada de línea para cerrar filas en la militancia silvestre de que el kiosquero masacrado en Ramos Mejía fue, en realidad, una conspiración para “tirarle un muerto al gobierno”. Chicos, el gobierno no tiene donde meter más muertos.

A las defunciones por Covid podemos llegar a ponerles un manto de piedad, dado que es difícil precisar cuántas vidas se podrían haber salvado si no hubieran jugado al TEG con las vacunas. Pero después vienen los muertos del Covid que no tuvieron Covid y se los llevó la parca por infecciones urinarias, deshidratación por diarreas, gripes comunes o cáncer. Y mejor ni hablar de cómo sigue el listado.

El Presi todavía no entendió –o aparenta no entender, vaya uno a saber– por qué le dieron la espalda. Cree que se trata de un problema de comunicación, de no haber sido lo suficientemente empático. Pero nadie, absolutamente nadie obligó a la máquina de hablar de más a establecer una cuarentena de quinientos años. Y nadie lo obligó a violarla. Nadie le puso un chumbo en la cabeza para que no escuche a los que pedían un trato humano para sus muertos mientras se velaban a ídolos populares y ministros fallecidos.

¿”No comprendió la dimensión” de los torturados por las distintas policías? Como Francisco Vivandelli, Sebastián Britos, Luciano Gómez y su novia, o Javier Astorga, torturado y humillado por puto en una comisaría de Río Gallegos. También podemos sumar a Adrián Mercado, que perdió un ojo de un balazo policial por estar sin barbijo en la puerta de su casa en Salta, a Alejandro Schlaig que fue en cana para ser torturado por cinco horas por el delito de pasear a su hijo de dos años. Se lo llevaron a él y dejaron a la criatura sola en la plaza.

Y agreguemos a Rodrigo Pérez, de Santa Cruz, que terminó con un infarto delante de sus hijos porque lo bajaron de un auto para esposarlo; y ya que estamos a una familia Qom del Chaco que terminó con cuatro menores detenidos y una adolescente violada luego de ser sacados de sus viviendas.

Podemos seguir con Fabian Andina, un camionero que terminó con desprendimiento de retina por querer mostrarle a la policía que tenía permiso de circulación, o Sebastián y Alexis, de Saladillo, que luego de ser perseguidos y embestidos por un patrullero, fueron disparados en el piso con balas de goma y, por las dudas, se llevaron en cana a la abuela que estaba lo más pancha en la casa. Ni que hablar de Gabriel Fredes, que recibió un balazo de goma dentro de su casa disparado desde el exterior en Trelew.

Roxana Fredes fue violada por la policía Tucumana, Mario Kovacevich –de 77 años entonces– fue secuestrado de su domicilio y golpeado por la policía santafesina por estar reunido… con sus hijos.

También podríamos hablar de cuánto puede demorar “comprender la dimensión” de todos los que la quedaron en manos policiales, como Florencia Morales, “ahorcada” en una comisaría de San Luis, al igual que Franco Maranguello, de 16 años, casualmente en la misma provincia, o Facundo Astudillo Castro, en la provincia de Buenos Aires, Luis Espinoza en Tucumán, o Alan Maidana, que se quedó sin vida por culpa de un balazo policial por la espalda. Y como todo se olvida, recordemos a Ezequiel Corbalán y Ulises Rial, que fueron embestidos por un patrullero con las luces apagadas adrede y perdieron sus vidas en San Nicolás.

En Palpalá, Jujuy, Ariel Valerián se encontró con un retén policial que no tuvo contemplaciones con su permiso de circulación: lo golpearon hasta matarlo. Walter Nadal murió de una rodilla policial tucumana en el cuello que lo paralizó hasta asfixiarlo y Blas Correa la quedó por una bala policial por la espalda y la negativa de un hospital a atenderlo en Córdoba. Tenía 17 años.

Quizá tampoco comprendió la dimensión del desastre anárquico de los terraplenes sin señalizar que acabaron con la vida de Daniel Rosa, Osvaldo Mansilla, Nelson García y Lucia Ponti.

Ni que hablar de lo imposible de dimensionar: aquellos que murieron inhumanamente, como Pamela Nieto que, luego de un transplante de riñón, no le prestaron ningún tipo de atención médica; Liliana Giménez, de quien vimos su agonía por Twitter y no pudimos hacer nada; Osvaldo Oyarzún, que la quedó por un ACV dado que todos los caminos a los hospitales estaban bloqueados por el gobierno de San Luis.

Y, obviamente, Solange Musse, cuyo rostro se convirtió en la bandera de todos los muertos por causas ajenas al covid y que reclamaban un cachito de dignidad humana, algo que hiciera que valga la pena vivir y no tan solo sobrevivir. La historia de los padres de Solange no impedirían que se volviera a repetir el caso con las hermanas Antonella y Victoria Garay, impedidas de despedirse de su padre terminal. La otra bandera fue la figura del padre de Abigaíl, con su hija a upa para poder ingresar en Santiago del Estero ante la inhumanidad policial.

Hubo de todo, desde simulacros de fusilamiento en Villa La Cava, catorce niños de doce años que terminaron presos por celebrar un cumpleaños con distanciamiento social en San Juan, patrulleros que desfilaban con la música de “La Purga” en altoparlantes, los allanamientos ilegales con menores presos, hasta la catástrofe humana de los varados de Formosa que no podían regresar a sus provincias ni para continuar tratamientos oncológicos.

En el pináculo de la estupidez humana con autoridad, se llevaron en cana a un pibe en situación de calle en Morón porque no cumplía con la cuarentena.

Las escuelas cerradas. El psicopateo a los más débiles y cuyas consecuencias veremos vaya a saber uno cuándo. El desastre educativo, la altísima inflación, el cierre de importaciones, el cierre de exportaciones. Multipliquen cada muerto de Covid por al menos diez deudos y tenemos millones de personas que no pudieron despedirse humanamente en el más ancestral de los ritos humanos. Y cientos de miles de personas que se fueron en soledad, asustados y mirando el techo rodeados de ruidos de máquinas.

Por si fuera poco, cuando parte de la ciudadanía decide llevar a cabo un velorio simbólico, el gobierno nacional termina por secuestrar las piedras colocadas en la Plaza de Mayo. Sin orden judicial, sin competencia territorial, de madrugada.

Ya que hablamos de familias arruinadas, cerraron decenas de miles de comercios y dejaron sin ingresos a un sinfín de personas. Los que sobrevivieron están endeudados hasta los órganos. Cuando se lleve a cabo el censo veremos que esa pobreza del 42% medida por la encuesta permanente de hogares, es un chiste. Y como los únicos privilegiados son los ancianos y los niños, a los viejos les reventaron la jubilación y a los chicos los invisibilizaron.

Mientras tanto, los centros urbanos se han convertido en un desfile de personas que piden para comer y otros tantos que te matan por lo que tengas puesto. Todo para que desde el gobierno digan que es divertido o que pasa en todas partes del mundo.

Y en el medio el discurso pedorro de los principados libres asociados a los que todavía llamamos provincias. Pareciera ser que el federalismo es respetar el feudalismo local y el resto es intervencionismo porteñista, aunque solo pidamos transparencia. No es poca cosa lo que pedimos. Después de todo, en el congreso esas conductas feudales nos cagan la vida a todos.

Cuarentena con larguísimos listados de violaciones a los Derechos Humanos más elementales. 116 mil muertos solo por Covid, negociados con laboratorios. Amenazas en público a quien saliera a tomar aire. Manoseo científico con el objeto de paranoiquear a una sociedad asustada, varios miles de chicos y familias que se fueron del país y que, a cada pregunta de si volverán cuando cambie el viento, contestan “en la puta vida”.

¿Cuántos empobrecidos hay? No digo pobres, digo gente que se empobreció. Se los resumo: perdimos la mitad de nuestro poder adquisitivo. Somos la mitad de lo que éramos hace dos años. La mitad. Deberíamos ganar el doble para estar a niveles de 2019 que fue un año de mierda.

Miles de varados por el mundo. Culpables, obvio. ¿Cómo se te ocurre viajar y volver, pelotudo? La culpa es del que sale a correr, la culpa es del pibe que va a clases, la culpa es del que viaja por laburo, la culpa es tuya, de tu vieja, de tu hermana. Catorce millones de actas de infracción a la cuarentena… Y el presi de joda.

No puedo culpar a don Alberto de no haber “comprendido la dimensión” cuando tengo colegas que se enteraron ayer a la tarde. Uno se la pasa meta firmar solicitadas, armando listas de violaciones a los Derechos Humanos, poniendo en juego su laburo con cada nota enviada y se nos llenó de tipos que se enteraron del desconche recién con una foto de una fiestita de cumpleaños.

Amigo: si eso pasaba en la Quinta de Olivos ¿Cómo no te vas a dar cuenta el descontrol que puede ser el resto del país? ¿Tanto cuesta hablar, levantar el teléfono, leer los medios del interior, preguntar, pasear por las redes sociales? Qué se yo, entiendo que por no haber estudiado periodismo yo no sepa nada del procedimiento, pero es como mucho. Creo. No sé. Digo, de pronto, me parece.

En fin. ¿Qué pasará a partir de ahora? Cualquier cosa que quieran hacer la mandaran al congreso solo para decir que la oposición “no deja gobernar”.

En esta nación de campaña permanente, la oposición no puede confiar en que siempre tendrá la suerte de tener un oficialismo tan tarado. Si algo ha demostrado la historia es que, cuando nadie presta atención, emerge un líder que no figuraba en la hemeroteca cinco años atrás.

Después de todo, el kirchnerismo puede desaparecer y el peronismo quedar reducido a la identidad de género político de quien se autopercibe peronista. Pero el populismo puede adoptar cualquier nombre, sólo le alcanza un pueblo partido en pedacitos y con una autoestima destruída, un ego dolido, una voluntad de cordero y un personaje que sepa redireccionar culpas.

El riesgo es que este domingo haya comenzado la campaña para llegar a 2023 o quemar las naves por ingratos. Los gobernadores putearán a Cristina, el kirchnerismo dirá que faltó kirchnerismo, Alberto preguntará qué hay para comer y Sergio Massa buscará erigirse como líder de la oposición oficialista troskomacrista.

Pero la opción peligrosa está ahí. ¿O acaso hace falta recordar todo lo que ocurrió cada vez que el kirchnerismo en el Poder perdió una elección?

En 2009 lanzaron 678, Tiempo Argentino, El Argentino, cargaron contra C5N hasta quedárselo, comenzaron las cadenas nacionales periódicas, el Fútbol Para Todos y hasta el Automovilismo para Todos. En 2013 estatizaron todo lo que podían estatizar y radicalizaron la economía hasta llegar a niveles insostenibles. Y eso que no tenían garantizada la pérdida de 2015.

Hoy el daño puede hacerse con un solo movimiento: esta deuda no es mía, que te la pague el que venga. Y si alguien se queja, de vuelta al punto uno con un “eh, no dejan gobernar”.

Existe la posibilidad de que Alberto se despegue, sueño húmedo de la CGT y de los gobernadores, pero ¿por qué lo haría? No lo hizo en su pico de popularidad, ¿por qué haría algo ahora?

No sabemos qué va a pasar de acá a 2023, pero Cristina tiene un serio problema y es que quemó a sus alfiles en un mismo período. Alberto compite cabeza a cabeza con el niño mimado Axel Kicilof por quién tiene peor imagen. O sea: agárrense de donde puedan.

El problema de la oposición es otro, pero no menor. Quiero ver quién contiene a Manes que siente que le ganó a Luder en 1983, qué hacen con un Macri con ganas de un segundo tiempo y que abraza discursivamente al mismo Milei que quiere “aplastar como a un gusano” a Larreta. Los que aman a Mauricio odian a Horacio. Y en el medio están Bullrich, Martín Lousteau y todos los radicales con los cubiertos en el bolsillo. Quizá por ello sonó tan tajante López Murphy cuando dijo «no es momento de hablar de candidaturas».

Para cerrar, vuelvo a lo efímero de todo lo que damos por sentado. Creer que esta sociedad cada vez más atomizada tiene garantía de eternidad es subestimar el poder de autoflagelación del argentino. Suponer que este status es eterno es desconocer la historia.

Nada puede darse por eterno y permanente, ni las buenas rachas, ni las malas. Después de todo, una de las frases más antiguas de la cultura occidental es “This too shall pass”. Esto también pasará.

Nos deseo mucha suerte para lo que viene. La vamos a necesitar.

PD: Ah, si hubiera agarrado esa embajada en Madrid…

 

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