Eligiendo
En enero había escrito un post como introducción a una clasificación absurda y sarcástica de los funcionarios políticos y sus afiliaciones partidarias. Esos posts eran una versión resumida y sarcástica de unos cuantos bocetos en los que estuve trabajando durante meses en los ratos libres. Puntualmente el primero de ellos, era el más serio, por llamarle de un modo excesivo. Sigo trabajando en ese proyecto personal que se limitará solamente a la historia y evolución de los partidos políticos de la Argentina, desde las primeras corrientes ideológicas de la colonia, hasta la revolución de la Unión Cívica y sus consecuencias. Pero hablemos de algo más simpático y no por ello desactualizado. Las elecciones siempre han sido motivo de quilombo. No de ahora,, sino a lo largo de toda la historia de este espacio entre la Cordillera de los Andes y el Mar Argentino.

La Democracia pura no existe, es imposible de aplicar en sociedades multitudinarias. Dudosamente haya registros de que se haya aplicado alguna vez en la historia de la humanidad para decidir quién ejercería el poder. Los Griegos tenían democracia directa, pero sólo podían votar los ciudadanos varones. Dentro de la categoría de ciudadano entraba el 15% de la población activa de las ciudades griegas. Los romanos, aplicaron en el período de la república las elecciones mediante Asamblea Legislativa, el pueblo afuera. Contrariamente a lo que se supone, en la era del feudalismo. Hugo Capeto fue electo Rey de Francia por una asamblea que nucleaba a la realeza y venciendo a la oposición encarnada por Carlos, Duque de la baja Lorena. Diríamos que no puede llamarse democracia a una elección llevada a cabo entre nobles, pero no por ello vamos a desmerecer algo que aplicamos nosotros desde siempre.


Hugo Capeto, primer monarca de la dinastía de la que derivan los Borbones.

Yendo a nuestro caso, la Argentina ha vivido procesos electorales de un modo muy simpático. Durante períodos hemos tenido menos de las que corresponden y durante otros lapsos de tiempo, hemos tenido elecciones como si se sorteara la lotería. Nuestro primer gobierno, la Junta de 1810, eligió al Presidente de la misma sin consultarle a nadie. No está tan mal si tenemos en cuenta lo que vino después.

Bernardino Rivadavia fue elegido Presidente por los representantes de las Provincias en un Congreso de 1826. El mérito que detentaba Rivadavia era la guita que se repartía entre pocos, en virtud de su cargo de Ministro de Gobierno del Directorio de Martín Rodríguez, fundiendo al país a menos de 10 años de haberse declarado la Independencia del Rey de España. Como todos los terrenos estaban hipotecados gracias al empréstito de la Baring Bros, algunos comerciantes pasaron a ser terratenientes. Rivadavia renunció un año después, con el país prendido fuego y odiado hasta por los porteños. Las vueltas de la vida, él que se había opuesto a la Revolución de Mayo y que era un unitario recalcitrante, terminó sus días sabiendo que sus tres hijos luchaban por Juan Manuel de Rosas.


Bernardino Rivadavia, primer vaciador de las arcas del Estado luego de la Independencia.

Y ya que estamos con Rosas, el Terrateniente que no se había metido nunca en cuestiones políticas hasta el fusilamiento de Dorrego -amigo, socio y Gobernador de la Provincia de Buenos Aires- fue electo Gobernador con facultades extraordinarias. Cuando se terminaba su mandato, fue reelecto, pero sin facultades extraordinarias. Don Juan Manuel hizo un corte de mangas y se las tomó a hacer la Expedición al Desierto, no sin antes poner a dedo a su sucesor, el General Balcarce. Mató algunos indios -unos tres mil- tranzó con otras tribus y conquistó 6700 legüas cuadradas a 2700 hectáreas cada legüa. Luego de que Facundo Quiroga fuera asesinado, el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires presentó su renuncia y Don Juan Manuel fue reelecto por el 99,5% de los votos, dándole todas las facultades que quería.

Don Juan Manuel de Rosas. A más de 150 años de finalizado su mandato, sigue generando polémicas como si hubiera sido ayer.

Luego de unas décadas llega Urquiza y todo se pone más lindo. Para nosotros, que lo vemos a la distancia de 160 años. El corrupto mayor del siglo XIX se paseó por la Ciudad de Buenos Aires con el Ejército Brasileño, mandando a Rosas al exilio luego de la batalla de Caseros. Un año después fue electo Presidente de la Nación y entre guerras fraticidas, empezaba lentamente la fiesta de algunos pocos. La única elección netamente Democrática a la que se presentó Urquiza fue en 1869 y fue aplastado por Sarmiento, que no hizo campaña y encima estaba en Estados Unidos.

Justo José de Urquiza. Fue considerado Infame Traidor a la Patria por los Argentinos, Traidor a la Provincia de Entre Ríos por sus coprovincianos y todavía hay quienes lo defienden.
Las elecciones durante la segunda mitad del siglo XIX y hasta 1916 no se asemejaban mucho a lo que hoy conocemos como comicios. Los votos eran a viva voz, ante el Presidente de la mesa electoral que anotaba lo que se le cantaba y si alguien se hacía el duro, terminaba en cana por quilombero. Así se fueron sucediendo Presidentes elegidos entre pocos, a dedo, con fraude. No muy distante de lo que vivimos los últimos años. Como si estuvieramos en la Grecia Antigua, no cualquiera podía votar. Que había que ser ciudadano argentino, no es ninguna novedad. El tema es quién era ciudadano y quién no. Y la mayor paradoja la encontramos en algo que nos encanta debatir. La Conquista del Desierto.

El sur ya existía y estaba habitado muchos siglos antes que don Julio Argentino Roca emprendiera la campaña que lo dejaría en la historia y le merecería un monumento con uniforme de General, a caballo y apuntando a la Casa Rosada -maldito presagio del devenir del siglo XX.

En 1669 se instaló la Compañía de Jesús en cercanías de lo que ahora es Bariloche. La colonia llamada Nuestra Señora del Nahuel Huapí funcionó un par de añitos. 50 para ser más exactos. Medio siglo en el que estuvieron integrando a los aborígenes de la zona a la «civilización» que por ese entonces no se podía diferenciar del «sentimiento católico». O sea, se era civilizado si se era católico. Tiempo después, pero por un lapso muy breve, se asentaron en la zona los Franciscanos provenientes de Chile. Sin embargo, con el arrivo de los Salesianos en 1879, se inicia la historia más grande
de la Patagonia.

Unos años antes, Sarmiento ya insinuaba que los salvajes eran un problema para el crecimiento y desarrollo de la nación y Nicolás Avellaneda -el mismo de la educación Laica con catequesis y gratuita con certificado de pobreza- sostenía que la cultura de los indígenas era incompatible con el crecimiento de la sociedad a la europea. Si le sumamos que Chile había fundado Punta Arenas y miraba con mucho cariño el inmenso territorio despreciado por Buenos Aires, no había que sacar muchas cuentas para darse cuenta de que algo se venía.

El Coronel Manuel Namuncurá y su hijo, el Beato Ceferino. Manuel se había resistido a la avanzada del Ejército de Roca. Ceferino fue ejemplo de la obra de los Salesianos en la patagonia.
Primero se buscó una política de destribalización, atrayendo a los indígenas a las colonias para civlizarlos, según la política oficial. Lamentablemente, la realidad era que cuanto más indígenas ingresaban a los ingenios o colonias, más tierras se repartían entre la creciente clase política de ese entonces. La misma clase política que se elegían a dedo sus sucesores en la Presidencia e implementaban el voto cantado. La misma clase política que se terminó convirtiendo en dueña de las tres cuartas partes del territorio nacional, aunque algunos digan que con el tiempo, las herencias fueron dividiendo estas fortunas. Lo cierto es que las mismas familias siguen concentrando un alto poder. Para mayor ejemplo, basta con recordar a los Pueyrredón. Que más da que ahora sean los Cantilo o los Bullrich, si juntamos a las tres familias en sus orígenes, son dueños de una Provincia entera.

Así y todo, Nicolás Avellaneda permitió la mano de las colectividades eclesiásticas en la «civilización» de la raza indígena para incorporarla a la vida de la raza «superior» tal como figuraba en la ley de Ministerios de su Gobierno. Sin embargo, la tarea no era para nada fácil. Todos tenían que responder al Arzobispo de Buenos Aires, más amigo del poder que de las Santas Escrituras. Los indios no podían casarse por Iglesia, ya que la ley de Matrimonio Civil decía que sin pasar por el Registro no había chance de altar. No existían los Registros Civiles en el sur, los indios no se podían casar. Seguían siendo salvajes que vivían en concubinato fuera de los mandatos divinos. Estaban educados en oficios de manufactura, en la industria agropecuaria, en los ingenios, en la conciencia cívica. No existió un indio analfabeto en lo que duró la obra de los salesianos en el sur, y sin embargo, no podían votar. (1)
En 1914, el Presidente Roque Sáenz Peña, electo por el fraude, al igual que todos sus antecesores, promulgó la Ley de Voto Universal, Secreto y Obligatorio. En 1916 se estrenó la flamante ley y el resultado era el que tanto habían temido los Presidentes de antaño. Un partido popular ganaba aplastantemente. La Unión Cívica Radical llegaba al poder. Si, alguna vez fueron populares.

En 1930 tuvimos el primer Golpe de Estado del siglo XX. Luego vino una década en la que los Presidentes eran nuevamente electos a dedo, pero con la misma ley electoral de Sáenz Peña, por lo que nadie se puede chupar el dedo hoy en día cuando dicen que no es posible hacer fraude. Duhalde puede dar cátedra al respecto.

La historia más conocida por todos, la pasamos un poco por arriba. Golpe de Estado nuevamente, la figura de Perón empieza a crecer. Llaman a elecciones y gana por una cantidad impresionante dos veces consecutivas. Es derrocado, llaman a elecciones, gana Frondizi. Es derrocado, llaman a elecciones nuevamente, gana Illia. Es derrocado, llaman a elecciones, gana Perón con el 61% del 99% del padrón (único caso en la historia Argentina). Muere Perón, asume María Estela Martínez, es derrocada. Llaman a elecciones, gana Alfonsín, se va por la puerta de atrás 6 meses antes, de pasarle el mando a Menem, quien había ganado abrumadoramente también. Menem es reelecto por el 51% del 95% del padrón (sólo superado por Perón, mal que le pese a muchos), termina su mandato. Asume De La Rúa, es derrocado o presenta su renuncia, como quieran verlo. La Asamblea Legislativa designa a Adolfo Rodríguez Saa, que quedó más solo que D´Elía en el día del trabajador. Renunció y la Asamblea Legislativa designó Presidente de la Nación a Eduardo Duhalde, quien había perdido las elecciones de octubre de 2001, pero así y todo había entrado al Senado.

Kirchner y Duhalde el día de la asunción de Néstor. Una vez más, se modificaron todos las herramientas habidas para elegir a dedo al sucesor.

Duhalde llama a elecciones luego de dejarnos a todos con el sueldo en el piso y destruye el sistema partidario de la Argentina promulgando la Ley de Lemas, logrando así que un ignoto Gobernador de una Provincia con la misma cantidad de habitantes que el Barrio de Flores sea Presidente de todos los Argentinos. Néstor estuvo, hizo una buena diferencia de guita, lavó su pasado de comerciante con el Gobierno Militar y logró que una mina que vota en Santa Cruz sea Senadora por la Provincia de Buenos Aires, para luego colocarla en la Presidencia.

Y la joda electoral continúa.

Y acá estamos, con una mujer que tiene el mismo nivel de oratoria que Karina Jelinek con sobredosis de ansiolíticos, pero que los mismos medios que ahora parecen conspirar contra ellos, nos hicieron tragar como estadista.

Ya está, es un hecho. Lo del Senado es un trámite. Lo más seguro es que tengamos elecciones en Junio. Todo este resumen arbitrario y alocado tiene un sólo motivo. Entender que el voto no es joda. Uno de los mayores problemas a la hora de votar es que el ausentismo en las elecciones nunca es de los habitantes más marginados de éste país. Ellos van, los llevan en micro y votan. No les importa por quién, saben que su situación no va a cambiar, porque nunca cambió. Los que no van a votar son mayoritariamente de la clase media para arriba.

Esta vez no quiero escuchar a nadie quejarse. Gane quien gane, hay que ir a votar y esperar a que aparezcan las boletas que faltan. Ir a comer el asado no es tan importante como para votar a cualquiera e irte rapidito a tu casa. Si te perdiste el asado, yo te paso la receta del Spaghetti al Fruto di Mare.

Viernes. Yo avisé que hoy venía para la historia, no se quejen. Mañana en Luz de Gas, en vivo a las 13,15 horas aproximadamente. Nos escuchamos.


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(1) La mayor parte de la información sobre el desarrollo de las comunidades aborígenes del sur fueron extraídas del libro de la Doctora María Andrea Nicoletti «Indígenas y Misioneros en la Patagonia Argentina», Ediciones Continente.