Esto no es Harvard

Joven, varonil, de higiene periódica, directo desde la Universidad de Columbia. Todo un currículum para caerle bien a Cristina, que de economía siempre entendió tanto como de derecho: nada.

Cuando dije que Alberto le ofreció el cargo a Guzmán para que Cristina no jodiera, se me cagaron de risa. Lo repito: así como el ministro de Seguridad de Alberto era Diego Gorgal, el ministro de Economía era Matías Kulfas. Guzmán entró por una sencilla razón: no era de Alberto, no era de Cristina, pero viene de Columbia y de ser alumno de Stiglitz, con lo que Cristina debería dar el visto bueno. Y lo dio.

¿Quién corno te renuncia un sábado y a principios de mes? ¿Tantas ganas tenías de cobrar el aguinaldo? No sé si es más gracioso que nos quedemos sin ministro de Economía durante un discurso de Cristina o que el tipo tenga que escribir siete páginas para decir “nos vemos en New York”. Lo que sí me dio un poco de lástima es que algunos medios muy puntuales quisieran mostrar un exceso de testosterona en la acción de clavar una renuncia mientras Cristina habla cuando lo más probable es que la expresidenta hoy saquee Rapa Nui para celebrar que se llevó puesto a otro ministro: María Eugenia Bielsa, Marcela Losardo, Felipe Solá. Santiago Cafiero, Sabina Frederic, Daniel Arroyo, Kulfas y siguen las firmas.

Tampoco me sorprende esta moda inaugurada por Kulfas de dejar un testamento para la posteridad en una renuncia. Qué se yo, todas las veces que renuncie escribí “por medio de la presente le notifico de mi renuncia indeclinable agradeciendo la oportunidad” y a veces agregué un “saludos”. Creo que “cordiales”. Eso sí: “atentamente” previo a la firma.

Sin embargo, en el caso de Tincho Guzmán era previsible la extensión. Como todo teórico academicista, tiene la necesidad de mostrar que sabe mucho. Pero instruido no es igual a sabio. El problema de los que saben mucho y vuelven a la Argentina tras toda una vida en el extranjero es que creen que su verdad es la única. Y si acá le hacemos bullying al traga del curso, imaginate la primera reunión de Tincho con la cúpula de los sindicatos o con los líderes piqueteros.

La única vez que entrevisté a Martín Guzman fue en 2018. Fue un embole en el que noté que el hombre tenía un montón de teorías pero muy poca práctica. Recién llegado de Nueva York, terminó de aburrirme cuando me enteré de que era discípulo de Joseph Stiglitz.

No es que me interese discutir de teorías económicas, pero Stiglitz perdió todo precio cuando fue presentado por Cristina Kirchner como un arma para contraargumentar a los Estados Unidos. Una mezcla insoportable en la que la actual Vicepresidente cargaba contra los Estados Unidos como un todo por la demanda de los holdouts que eligieron no aceptar el plan canje de Néstor y Lavagna. Tanto lo usó que pareciera que es sinónimo de Premio Nobel cuando no existe el Premio Nobel de Economía tal como creemos conocerlo. La definición es una batalla que doy por perdida.

Stiglitz es un tipo que cree que la mano invisible del mercado no garantiza la justicia social. Y no, papi, es obvio que no. Ahora, usar ese argumento para empujar ideológicamente a gobiernos intervencionistas que, al menos en América Latina, siempre terminan por intervenir para robar, es cuanto menos risueño. Lo único de Stiglitz que me pareció rescatable fue su crítica al PBI como mecanismo de medida de riqueza de un país: “No mide adecuadamente los cambios que afectan al bienestar, ni permite comparar correctamente el bienestar de diferentes países”. Como corresponde al beneficio de inventario, si existiese algo que podamos llamar kirchnerista ilustrado, el mismo ama a Stiglitz pero usa este argumento cuando le conviene. Si aplicamos esa teoría en nuestro país, nos daríamos cuenta que estamos en el undécimo subsuelo de la pauperización contínua.

Ahora, no es que quiera convertirme nuevamente en el blanco de colegas que hoy escribirán columnas con alguna crítica velada a Guzmán, pero no puedo evitar pensar el nivel de blindaje que manejó.

Una vez quise escribir una nota sobre cómo el kirchnerismo le recortaba el Poder mientras él se hacía el banana con Cristina. Un boludo, eso no se hace, Tincho. ¿Cómo te vas a reunir a solas con Cristina en un espacio político caracterizado por el edipo no resuelto? ¿Recién llegás del Imperio y te hacés el de La Matanza, papu? Era obvio que se la iban a poner en contra. Primero su propio hijo, Maximito, que nunca pudo digerir que Guzmán tuviera un currículum con menos de 40 años. Luego se sumó Axel, que no quería quedar en la historia como el peor negociador de deudas. Y así comenzó el operativo “limemos a Guzmán” a fines de 2020.

Yo quise contar que no había ningún aumento de su poder al meter un vocal en el directorio del Banco Central si ese funcionario venía de ser el Subsecretario de Finanzas del ministerio. Recuerdo que, al profundizar un poco, me encontré con que el jefe de gabinete de Guzmán había “renunciado” para hacerse cargo del pago de sueldos de los empleados públicos de Chaco. Agregué los números patéticos de la economía de diciembre de 2020 y la cosa ya se perfilaba lindo.

Guzmán me ayudaba al levantar su perfil. Una recorrida por una fábrica en San Martín con el intendente, un “picadito” con Matías Lammens en Barracas Juniors, una charla en la Universidad de Entre Ríos, hilos en sus redes sociales, una visita a Neuquén, mucha tevé, una gira por la costa, y todo en tan solo cuatro semanas. Justo cuando se sabía que el déficit ya trepaba al 9% del PBI, que la inflación se estaba por desbocar en meses por la alta emisión, con el riesgo país en ascenso, las tarifas pisadas y un aumento del dólar del 100% en solo un año.

Recuerdo que la publicaron pero con un título un tanto llamativo: “Las fotos de la recorrida de Guzmán por la costa”. Andá a enterarte de lo que tenía para contar.

Y eso que hasta resultaba entendible el relajo de Guzmán. “Los dos únicos logros que tiene el gobierno para mostrar este año es el acuerdo con los tenedores de deuda y la legalización del aborto” era casi un latiguillo. ¿Cómo no se la va a creer si convenció a tanto con la nada misma? O sea: el tipo se rompe el orto para una tesis doctoral en el extranjero y acá se convierte en rockstar por una gestión pedorra.

Sigue sin fallar el encandilamiento de la provisión de información por parte de fuentes. O sea: si una fuente te cuenta algo, no es un hecho indudable sino algo para chequear. Todo lo demás, es propaganda. Pero ahí ya leí firmado y todo que uno de los motivos de Guzmán para renunciar fue que no tuvo control sobre el Banco Central. ¿Me estás jodiendo? No debería nunca en la puta vida, ni él ni ningún ministro, tener control sobre el Banco Central. Jamás. Y el chico de Columbia lo sabe bien porque… Bueno, viene de Columbia, donde se enseña la lógica de que un Banco Central es un banco y no una bolsa de caramelos para el Poder Ejecutivo.

Igual, hay que destacar que en un pasaje puntual de renuncia mostró que tenía pasta para ser funcionario de este cotolengo al que llamamos gobierno. Al hablar de la gestión de la pandemia escribió que “el nivel de esfuerzo y concentración que observé en su gabinete y en los equipos de los distintos ministerios involucrados en dar respuesta a la situación fue conmovedor”.

¿Conmovedor, hijo de re mil? ¿Qué fue lo conmovedor? ¿Aumentar el salario de los funcionarios y empleados públicos al ritmo de la inflación? ¿Las fiestas en Olivos? ¿Tus partiditos de paddle con el Presidente? ¿Hundir en la inanición a trabajadores que no pueden darse el lujo del home office y que nunca llegaron a ligar siquiera esa limosna que llamaron IFE? Lo único conmovedor es que toda la gestión era para llorar. Si te conmovés tan fácil, Tincho, te recomiendo que no veas Chatrán y esquivale a cualquiera que te quiera espoilear Bambi.

Logros de gestión. Y pensar que esta misma mañana publiqué un texto en el que dije que «en julio se le va a hacer casi imposible esterilizar todos los pesos que emitieron como si no hubiera mañana. ¿A dónde creés que irán en agosto todos esos billetitos crocantes cuando la inflación te morfa? Y así sube, sube, sube la marea inflacionaria empujada por la ola verde que arrastra a la inflación y el círculo se hace cada vez más veloz».

Pero bueno, se nos fue el Tincho. Alberto se queda sin compañero para jugar al paddle en la Quinta de Olivos. Ya no estará presente cuando llegue la inflación de julio con los aumentos de tarifas y el fin del ingreso de liquidaciones por cosechas. Tampoco tendrá que fumarse las marchas piqueteras de movimientos sociales encabezados por subsecretarios de su propio gobierno ni tendrá que escuchar los consejos de Axel Kicillof sobre cómo negociar una deuda o las charlas magistrales de Amado Boudou en el Senado. Ya no deberá lidiar con los caprichos de un rejunte de sociópatas adictos al Poder que se ríen de los que tienen títulos pero se mean ante “la doctora”.

Pobre hombre, Tincho. Creyó que sus teorías stiglitzianas podrían funcionar en la Argentina y nunca se enteró que acá el problema no son las teorías económicas: solo interesa conseguir, conservar y perpetuar el Poder político. Quería ser profeta en su tierra y terminó por debatir política monetaria con Daniel Scioli. Y todo por un sueldo que equivale a 1800 dólares mensuales.

De todos modos, hay una pregunta que me da miedo. Ministro que salió, ministro que vino uno peor. ¿Quién nos hará extrañar a este pelmazo?

Buena vida, Tincho. Y no te olvides nunca que si Harvard no es La Matanza, imaginate Columbia. Lo dijo Cris, deberías haberlo sabido. De paso, te pedimos un favor: chiflale a Stiglitz que todas sus teorías son una poronga. Lo verificaste empíricamente.

Saludos cordiales.

Atentamente,
Nicolás Lucca

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