La Aristocracia Populista
En los tiempos del GPS, el kirchnerismo se guía chupándose el dedo y viendo para dónde sopla el viento. Es normal que sus adeptos, no sean mucho más avispados para estas cuestiones. Es eso, o les duele ver la realidad. Y ya no me refiero a la realidad palpable, la de la calle. Sino a la realidad de que defienden lo que tanto odiaron -en algunos casos- o que defienden lo que empezaron a odiar hace un par de años, cuando comenzaron a sentirse «representados» por el gobierno Nac&Pop. 
A los únicos que les importa Clarín, pareciera ser que es a ellos. Es como si hubiera un complejo de culpa atroz por querer limpiar un pasado en el que crecieron leyendo un diario sin preguntarse quién corno lo dirigía. Hoy hacen lo mismo, pero desde otra vereda. Leen un diario oficialista, sin preguntarse cuáles son los intereses que se esconden tras otros empresarios de multimedios. Como loros barranqueros, acusan a los monopolios mediáticos. Me río cada vez que escucho monopolio en plural. Me le cago de risa preguntándoles por Canal 7, Canal 9, Encuentro, INCAA TV, Paka Paka, El Argentino, Página/12, Tiempo Argentino, Revista 23, Newsweek y el festival de señales de radio afines. Los que hoy tildan a Lanata de ex progre por cuestionar la corrupción, son los mismos que decían que el gordo era un inconformista en los ´90. Y mientras Caparrós es acusado de hacerle el juego a la derecha, en cualquier momento, Caloi es procesado por cómplice de la dictadura y Clemente pasa a estar prohibido por ser panfletario de Videla. De la fusión entre Cablevisión y Multicanal, no se habla. De las cenas en Olivos con Magnetto, tampoco. 
Es un sistema perverso en el que cual, los que militan o tienen una participación activa en la política desde hace añares, tienen que venir a rendir examen delante de personas que hasta hace un par de años creían que estaban combatiendo el sitio de Leningrado en una asamblea barrial, en el mejor de los casos. Todos los que se emocionaron por la Cacerola de Teflón de Ignacio Copani, cagándose de risa de quienes protestaban contra el gobierno, se olvidaron que, en 2001, ellos también estaban allí, gritando «que se vayan todos». Son los mismos que criticaban la actitud de sus compatriotas que durante la década del ´90 «gastaban la plata afuera», pero ahora se mueren por darse unas vacaciones bien menemistas en Brasil.
Wikileaks desmiente haber tomado a esta
imagen como base para sus sospechas
sobre la salud mental de la Presi
Pero dentro de la desmemoria sintomática, lindante con la idiotez, por momentos se sienten parte de una elite. Como buenos clasistas, no se consideran de la misma clase media que los vio crecer. La clase media es golpista. A los pobres hay que tenerles lástima y frente a los ricos, hay que putear si son liberales o callar si hacen negociados con el Gobierno. Ellos, en cambio, son la nueva aristocracia. Los elegidos, los iluminados. 
Para ellos, hay que combatir la concentración empresarial. Patria sí, colonia no. Que la facturación de Cargill sea casi similar al presupuesto nacional, no importa. Que en la misma página de la empresa se aclare que el 90% de la producción se coloca afuera, tampoco. Lo que vale es putear al campo por desabastecer la mesa de los argentinos. Cargill seguro que saca el trigo de las rocas. A naides le importa. 
Lo interesante de todo esto es quienes están tras el operativo clamor para que la Presi se cope y se mande por la reelección. Inútiles Todo Servicio como Timerman, Boudou o Kunkel, que han quemado los pocos cartuchos que tenían para sobrevivir al kirchnerismo haciendo mierda a todos los que les han dado de comer. Pareciera mentira que el futuro laboral de un político dependa de una mocosa de 19 años. Tanto cagazo tienen a que una chica que hasta hace dos años estaba en el La Salle -¡qué horror! ¡Vade retro, chupacirios clasistas!- sea un factor de peso en las decisiones de quién les da laburo, que decidieron tentarla con lo único que le importa: recorrer el mundo y codearse con gente de la high society, aunque se traten de países incapaces de respetar un tratado internacional sobre Derechos Humanos. 

Si eso no funciona, siempre les queda la que mejor les sale: hacer cola para besarle la mano al que tenga posibilidades de ocupar el trono de Balcarce 50.

Lunes. Un año más.