La Reserva Moral de Argentina
«El intelectual crítico lo es del establishment capitalista», dijo el politólogo Mocca para desacreditar a los que saben leer y escribir y lo utilizan para hacer saber sus opiniones. Esta afirmación con aromas a Gramsci y que tiene menos consistencia que las carnes de Cabito, dispara una idea bastante discutible: si este Gobierno enarbola las banderas de los derechos humanos, de la protección de los que menos tienen, de la intervención del Estado para el bienestar de la ciudadanía ¿Cómo es posible que se atrevan a cuestionarlo?
Desde la rusia stalinista hasta los razonamientos jauretchianos, el intelectual orgánico siempre fue desprestigiado por su falta de conexión con la realidad de su sociedad. No trabajan, no legislan, no gobiernan, sino que razonan, confrontan ideas y hacen saber sus resultados. Lamentablemente para Mocca, si su afirmación fuera verdadera, ningún oficialista sería intelectual, a no ser que supongamos que vivimos en un estado donde el capitalismo ha desaparecido y el mentado «establishment» no tiene cabida en la estructura productiva de la patria dada la revolución agraria y la autogestión de las empresas.
Considerar que un intelectual no puede tener motivos para criticar al gobierno, no es desacreditar al que critica, sino reconocer que al acompañar al poder, se han vendido. Claro, siempre siguiendo el razonamiento de este politólogo. De modo más que obvio, estas afirmaciones generan una bajada de línea que nos alcanza a todos. Si nos quejamos de los subsidios, es porque queremos que los pobres se mueran de hambre, como si no lo hicieran de todos modos. Si puteamos por la dilapidación de los fondos públicos nutridos en gran medida gracias a los 6 meses y medio de laburo que le regalamos enteritos al Estado en impuestos, es porque deseamos una patria sólo para pocos, aunque en Aerolíneas Argentinas sólo viajen los que tienen para irse afuera o se les subsidie el gas al que puede pagarlo tranquilamente. Si nos quejamos de quienes tienen un discurso progresista en el que no se explican las gestiones conservadoras y feudales, somos todos clase mierda que no queremos la alegría de la Patria.
Son una moda. Ser progre, está de moda. Y como todo lo que es moda, hay que tener con qué bancarlo. Si a un sujeto le gusta Versace y no le da el cuero para gastarte 10 lucas en un modelito, puede que nadie se de cuenta de que es un modelo trucho de La Salada, hasta que se cruce con alguien que sepa del tema. Si a otro le gusta dársela de intelectual, puede pasarse el tiempo debatiendo sobre la orden del día de Verbitsky en Página/12 o sobre la filosofía altruísta de Néstor en la construcción del Estado moderno gracias a la contratapa de El Flaco de Feimann. Lamentablemente, cuando quiera convencer a otro que leyó algo más que las frases de los sobrecitos de azucar, podemos tener la seguridad de que le va a ir como el upite.
Lo que nunca voy a entender es cómo alguien puede decir que defiende una ideología que no lo identifica. Porque al argentino, que le hablen de progresismo, le importa menos que la ubicación del Bromo en la tabla periódica, del mismo modo que poco le importa que le hablen de peronismo, de radicalismo, de izquierda o derecha. Si todos tuvieran una ideología bien formada, los partidos políticos no darían abasto con las afiliaciones y no habría necesidad de hacer votar hasta a los muertos.
El problema de las modas es que, desde que Güttemberg inventó la imprenta y Daguerre encontró la forma de plasmar una imagen en papel, los archivos desmienten al que venga. Del mismo modo que podemos torturar a nuestra señora con una foto de ella con corte de pelo cocker spaniel y una camisa colorinche con hombreras, nadie puede hacerse el boludo respecto de dónde estaba hace unos años atrás.
Lubertino puede venir a hablar de la tiranía de los dogmas eclesiásticos y el derecho a la libertad individual, abarcando el aborto libre, la despenalización de la frula, el matrimonio igualitario y la eutanasia, como también puede cantar el himno de la juventud peronista. Lo que nunca podrá negar es que egresó con medalla de oro de la Universidad Católica Argentina y que fue dirigente radical toda su vida.
Luciano Gallende, si le pinta, puede delirar a Clarín todos los días que está todo bien. Lo que nunca va a poder borrar de su legajo es que consiguió el puestito de suplente de Mario Mazzone en Mañanas Informales gracias a que su papá fue psiquiatra de Héctor Magnetto. En idéntica situación podemos poner a todos los que hoy cargan contra el multimedios que les dio para parar la olla durante décadas, desde la pechocha de Son de Diez, hasta el columnista de Clarín durante toda la última dictadura.
Aníbal Fernández puede continuar con sus funciones de desacreditador patrio y delirante nacional desde el metro cuadrado que le quedó de oficina, pero por más que intente negarlo, nunca podrá eliminar del historial su ingreso al gobierno nacional como ministro de Producción de Duhalde. Por suerte para él, Menem ahora se sumó al carro kirchnerista. Timerman puede venir a contarnos de su fidelidad hacia Hebe de Bonafini y su compromiso por los derechos humanos, seguir con su cruzada contra los medios golpistas y atacar a la oposición. Lamentablemente, no puede sacar de su curriculum vitae su rol de periodista macanudo en la presidencia de Videla, ni sus años como columnista de la revista Noticias, ni mucho menos su candidatura en el partido de Carrió.
Del mismo modo, Cristina puede contarnos de su pasado de legisladora rebelde y de su lucha antidictatorial que siempre habrá alguien que salga a desmentir sus historias de presa política y las boletas de la Lista 2 de Santa Cruz nos recordarán que Menem-Ruckauf era acompañada por Kirchner Gobernador, Cristina Diputada. Néstor pudo cargar contra las políticas privatizadoras de los ´90, fulminar los indultos del Carlo y sacarse tres mil fotos con Mamá Hebe. Por desgracia para su memoria, nunca podrá descolgar el cuadrito de sus lamidas de ojete al turco, del lobbie por la privatización de YPF, de su vista gorda con el mercado telefónico, de su usurera costumbre de hacerse rico gracias a Martínez de Hoz y su tranquilidad de consciencia defendiendo a uniformados en plena dictadura. (NdelA: antes de que me vengan con el videíto de Néstor pidiendo juicio a las juntas militares, les pido que se lo guarden y me muestren uno que sea de cuando hablar era sinónimo de tener pelotas, y no de fines de 1983, cuando putear a los militares tenía menos consecuencias que mezclar vino con sandía).
Después del destape de los manejos de los fondos de la Fundación Madres de Plaza de Mayo, todo el bagaje kirchnerista salió a respaldar a mamá Hebe. Julio Piumato, Luis D´Elía y Mariano Recalde, entre otros, se acercaron a la Plaza de Mayo para manifestar su apoyo. Según Hebe, fueron pocos porque no tienen tantos medios de comunicación, dado que si los tuvieran, estaría todo el país en la plaza. Sabiendo que hace 34 años que vienen marchando todos los jueves, uno siente un poco de lástima por sus dichos. Hasta que escucha que gracias a Cristina ya no hacen falta comedores en el país y que los pocos que quedan son por culpa del hijo de puta de Macri (sic). Cuesta, pero alguien tendría que plantearse si se puede seguir con el «bueno, es Hebe» o si hay que darle un prozac y mandarla a la casa para que pare de hacer mierda la historia de las Madres.
Mientras tanto, Randazzo parece que pinchó los teléfonos de Shoklender y de toda la fundación
y ya tiene resuelto el caso. Afirmó que «de ninguna manera se deben sembrar dudas respecto de una organización que es orgullo y prestigio en el mundo» y que si de alguien es la culpa, seguro que le corresponde a Shoklender. Caso cerrado, Oyarbide ya tiene todo cocinado para procesar al ex apoderado y de este modo salvaguardar la honra de mamá Hebe. De este modo, la cocinera de Boudou podrá volver a sus pasatiempos de emitir frases antisemitas, refugiar etarras, acusar de enemigos a los que pertenecen a «otra clase social», calificar a los bolivianos de ser gente de mierda y reivindicar a los grupos subversivos a toda costa. A la señora tenemos que conservarla. Después de todo, es la reserva moral de Argentina.
Breves:
Hace unas semanas que Maggie Stolbizer se queja del acercamiento de Ricardito a lo que ella considera «la derecha» encarnada en De Narváez. Para tranquilidad de la mujer de sonrisa tatuada y ojos siempre achinados -¿qué fuma?- Alfonsín rompió con Binner y eligió a Javier González Fraga. La titular del GEN los acusó de consevadores. González Fraga le recordó que tiene un amigo zurdo. Stolbizer dijo que avanzará en la conformación de un Frente Progresista Nacioal con Binner y desde Santa Fe le dijeron que si no llegan para las primarias, que arranque sin ellos.
Ante la posibilidad de que Duhalde lleve como candidato a la vicepresidencia a Das Neves, en el entorno de Martín Redrado tratan de que no decaiga el ánimo. «Pasamos de aspirar a la Jefatura de Gobierno a intentar ser Vice de alguien», aseguró una fuente cercana al ex novio de Luli Pop. «Ahora decidimos jugar fuerte y con la Dirección de Maestranza nos conformamos», finalizó mientras recortaba los afiches del Golden Boy para hacer servilletas. 
Cris sigue de gira y aterrizó en Italia. Berlusconi la recibió sonriente, mientras le preguntaba a sus asesores dónde estaba la hija. Se desilusionó cuando le contaron que ya es una veterana de 20 años. La Presi, por su parte, demostró una vez más su rápida capacidad para adaptarse al público y deleitó al empresariado con un discurso muy poco progre, contándoles que el préstamo más grande del Estado, con las tasas más bajas del mercado, se lo entregó a Fiat. Aunque la cagó cuando les recordó la reestructuración de la deuda externa que hizo puré a los ahorristas italianos, se ganó el cariño del auditorio con sus salidas descomunales, tales como «hay que ponerle nombre a la vaca que produce leche maternizada, pero que no sea el mío». Una estadista genial y de exportación.
Viernes. Living la Vaca Loca.