La Tiranía Ideológica
La tiranía es el uso abusivo de una representación que se ha usurpado y va de la mano de la demagogia y el populismo. Ese concepto lo hemos padecido numerosas veces en nuestra querida Patria y, sin embargo, ahora nos toca vivirlo desde el punto de vista ideológico y partidario gracias a los sucesivos gobiernos que nos supimos conseguir.
Como la Constitución Nacional sostiene el sistema partidario como bases para la democracia, algunos la han dibujado de bondi a tomar para llegar a la esquina de Balcarce e Hipólito Yrigoyen y sentarse en el sillón presidencial. Armar un partido político propio es arduo. Conseguir gente que te apoye, cuesta un huevo si no tenés una ideología rentable, explotable y que pueda convencer a quienes no han leído un puto libro de ese partido, pero que, cuando se acuerdan del viejo cantando Adelante Radicales o la Marchita de los Muchachos Peronistas, dependiendo del caso y en honor a ese recuerdo, meten en el sobre la boleta del primer boludo que ponga el escudito partidario.

Joven Oficialista esbozando sus nuevos argumentos contra la oposición.
La plataforma electoral es cosa del pasado, está fuera de moda y nadie la presenta, aunque la Ley Electoral sugiere que debería hacerse lo contrario. Los discursos han quedado anacrónicos en relación a lo mismo que el orador efectúa en los hechos. La Presidente dice que da miedo ver como otros se someten a las corporaciones, mientras hace un par de semanas, no más, estaba saboreando los calcetines del CEO de la Barrick Gold. Parte de la oposición habla de defender la democracia mientras se reúne con el director del diario que más gobiernos ha adulado y, posteriormente, defenestrado.
Sin embargo, el paroxismo de la tiranía ideológica proviene de quienes actualmente hacen que gobiernan. Un Canciller que no soporta que le recuerden que fue director de un diario que destruyó los últimos días de un gobierno democrático y festejó a un gobierno de facto y que se pone muy nervioso cuando lo tratan de vago por boludear todo el día en twitter. Un Jefe de Gabinete que dice que soy un Cipayo pago por Clarín luego de preguntarle por el patrimonio presidencial.
Los personajes afines han tomado estos bastiones y los han llevado adelante bajo el estandarte «Hasta la Vergüenza Siempre» poniéndose en una posición cuasi militar, saludando a todo lo que se mueva dentro del oficialismo y pintando de facho a todo lo que esté fuera del mismo, defenestrándolo sin derecho a réplica, preferentemente.
Ver el intento de 678 de quedar como seres democráticos del nuevo mundo convocando a la mesa a Eduardo Aliverti y a Robert Cox, es un buen entretenimiento para un domingo a la noche. Sobre todo cuando Robert Cox dice que le da la impresión de que el Gobierno Nacional está usando el tema Magnetto para dominar a la prensa y enseguida salta Ricardo Forster diciendo que no es así, que es un argumento ya pasado y harto utilizado por los detractores de este Gobierno Nacional y Popular. Más gracioso es ver al mismo Forster hablando de la complicidad de La Nación y Clarín con el Gobierno de Facto al lado de Orlando Barone, columnista de ambos diarios durante aquellos años y que luego salta a reafirmar las declaraciones del colorado como si él hubiera arribado a la Argentina en 2003, proveniente de una galaxia muy muy lejana. En eso, hay que reconocerles que son fieles al Gobierno Nacional, negando empíricamente la historia que conocemos todos, para hacer mierda a todos los que sí la vivieron.

El problema es cómo se van a llamar cuando dejen de ser oficialismo.
Por suerte existe gente como Daniel Tognetti, que reivindica la figura de Luis D´Elía sosteniendo que fue injustamente demonizado. Totalmente de acuerdo. Demonizar al pobre Luisito por haber tomado e incendiado una dependencia del Gobierno Federal, cagar a trompadas a manifestantes, tratar de blancos de mierda y desearles la muerte a todo aquel que viva en inmediaciones de Santa Fe y Callao, es una papa al lado de los dichos de Luis D´Elía afirmando que es un peronista de base, cuando en La Matanza todos saben que es un Demócrata Cristiano que pasó buena parte de su vida repartiendo panfletos contra la doctrina justicialista.
Y si tenés la mala leche de pertenecer a otro partido, cagaste. Te van a tratar como al abuelo gagá, al que todos miman como un ícono decorativo en la fiesta navideña, pero nadie le da ni cinco de pelota. No es necesario en un Gobierno que se ha nutrido de los mejores representantes de cada espacio, para conformar el mejor cuadro político desde la llegada desde que los indios se fagocitaron a Juan Díaz de Solís. Ellos lo son todo. Son la patria socialista con los zurdos, son radicales cuando hablan de Alfonsín, son Maoístas en China y conservadores en los lobbies para amigotes.
Un buen tipo mostrando cómo le metieron los últimos pedidos de subsidios.
Hoy por hoy, no existe mayor pecado que pensar. Es lógico, en un Gobierno que ha hecho de la construcción de un relato histórico paralelo su standard de vida política, el mero hecho de que existan personas que se ponen a sacar cuentas y se avivan de que dos más dos no da tres, es motivo para el desprecio, la desacreditación y la persecución por culpa de la razón. Esa misma razón que es un bien tan preciado. En definitiva, el ladrón ve a todos de su especie.

Lunes. Después de un asado de domingo entero, el lunes tendría que haber asueto.