Negros de Mierda
Inconcientes, totalmentes ajenos a la realidad del país y a las necesidades de la patria, sumidos en un mundo de reclamo eterno a la nada, esperando la llegada de algún noticiero porteño con aires golpistas o con ínfulas de solidaridad, la cual si realmente fuera cierta, destinarían la mitad de la guita que gastaron en la producción de la nota en alimentar a los entrevistados. Pueden ser los wichís en Salta, los Tobas en Chaco, los compañeros del conurbano o los vecinos de las villas porteñas. Todo aquel que sea morochito, con los pelos lacios sucios y pastosos, preferentemente descalzos y con la ropa corroída. Si viven en un rancho de chapas perforadas, mucho mejor.

Es la realidad que no vemos, como nos muestran ellos. Es cierto, en algún punto. Casi tan cierto como que ellos tampoco ven demasiado. Todo muy pintoresco, algún periodista escandalizado leyendo los artículos de la Constitución que hablan de los derechos de los indígenas con la misma solvencia académica con la que el periodista de policiales resuelve los casos el mismo día del hecho.

Te muestran sus chozas, cuanto menos dientes tengan sus sonrisas, más cercanos son los planos del camarógrafo y ahondan en preguntas obvias que tienen respuestas obvias, del tipo ¿Cuántos tiene que alimentar? ¿Le alcanza? ¿Qué es lo que quiere para su futuro? Y para eso estudiaron una licenciatura en el mejor de los casos. Para preguntar por el futuro a gente que no sabe si va a comer en el día. Pero miremos el lado bueno, antes al que había que pegarle era a Capitanich, los únicos muertos de hambre eran los del Chaco. Hablar del hambre de Tucumán, era una antigüedad de los tiempos de De La Rúa.

Como si fuera Américo Vespucio por las costas del Brasil, un periodista descubre que en Salta también hay muertos de hambre. Falta que los descubran cruzando el Riachuelo, en Villa Galicia de Lomas de Zamora, o en la Cava, a pasitos de Lomas de San Isidro. Pero hay conclusiones que nadie saca. Los Tobas en el Chaco y los Wichís en Salta, siempre vivieron del mismo modo. Aunque desde hace un siglo se los reconozca como pobres, su cultura ya es así. Pero ahora se están muriendo de hambre. Si no pueden ir a comprar alimentos, tampoco los pueden cazar. Los campos son privados, los ríos están contaminados, ellos están a la deriva por la desidia ¿De quién? ¿De un Estado ausente en su asistencia? ¿O de un Estado enfermo que en vez de integrarlos los trató como ciudadanos de otra categoría, distinta a la nuestra, discriminándolos desde una Constitución que pretendía ser moderna y que respecto de los pueblos originarios le chingó feo?

Los indígenas no tienen más asistencia de sus provincias. Y para qué, si ahora el Estado Nacional les da un subsidio vía tarjeta de débito. Kilómetros a pata para cobrar un par de billetes. No es muy distinto a lo que sucede en las grandes ciudades de la patria, donde en las colas de los bancos nos hemos acostumbrado a ver desfilar un gentío de subsidiados que cobran por ventanilla.

Y el Gobierno les echa la culpa de la inflación a ellos. Por más que digan lo contrario, si cada vez que explican el índice inflacionario se amparan en el aumento del consumo gracias a los planes sociales, lo único que hacen es acusar a los muertos de hambre de querer comer. En definitiva, para el Gobierno Nacional y Popular, también son negros de mierda y los tratan como tales.

Así como la igualdad de oportunidades para la mujer se va a la mierda cada vez que Cristina dice que todo le cuesta el doble por ser mujer, cada vez que dicen que la culpa del aumento de los precios es de los pobres, hacen que ellos sean una vez más unos negros de mierda que tienen la culpa de todo lo que pasa en el país.

Pero esto es lo que tenemos y esto es lo que hay. Mujeres a las que todo les cuesta por la misoginia de los demás y no por sus cagadas atómicas. Gente que ya no se calla ni aunque se lo sugieran otros funcionarios y acusa de censores a quienes le piden mesura. Radicales que acusan de traidores a otros radicales, peronistas que tratan de veletas a otros peronistas, zurdos que señalan con el índice acusando de vendidos a otros zurdos y empresarios que creen que la plusvalía también se aplica para administrar una ciudad para luego juntar a un puñado de niños bien que fantasean con la irrealidad de una juventud militante, pero sin que se les complique la salida del sábado a la noche.

Al final, ellos tienen la culpa. Los negros de mierda que nos hunden en el fondo del tarro con sus aspiraciones de comida. No lo digo yo. Lo dice el Gobierno.