Nestornautas
Mariano es un flaco copado de 29 años. Siempre se definió como apolítico, término con el que estoy absolutamente en desacuerdo. No es que me cope demasiado la definición de Bertolt Bretch, pero yo considero que no existe el apolítico. Desde el momento en que vemos a un tipo que quiere controlar algo del poder, automáticamente hacemos nuestro procesamiento sobre su imagen. No me gusta porque tiene cara de garca, me cae bien porque es madre y esposa, me cae como el orto porque es sindicalista, etcétera. Al que se define como apolítico, le descreo. 

Pero Mariano es un caso excepcional. En el ´99 votó a la Alianza porque le parecía copado -dejemos de lado que su padre también la iba a votar- y, principalmente, porque la De La Rúa prometía una continuidad en la paridad cambiaria con el dólar. En octubre de 2.001 puso una tapa de Patoruzú en el sobre que iba a parar a la urna. Se cagó de risa mientras me lo contaba. Obviamente, no contaba que fue una de las ideas que más circulaban en ese entonces, junto con la de poner una feta de salame. Pero el salame, no da para desperdiciarlo. En 2.003 votó a López Murphy -si, todavía hay gente que lo votó, aunque nadie lo recuerde- y su argumentación era que no quería participar en la interna obligatoria del PJ, argumento mucho más que válido, tanto como que era el latiguillo del programa de Marcelo Longobardi y que a Mariano le gustaba seguir.

Obviamente, de más está decir que en 2.007 formó parte de aquel 30% del padrón que no fue a votar. Se mofaba de que Clarín le había hecho la campaña a Cristina. Poco importaba, claro está, que el Olé que compraba religiosamente cada lunes formara parte de ese futuro monopolio oligarca funcional a la dictadura. En 2.009, le entregó el voto a Pino Solanas, porque Heller no había tirado una idea y Michetti le parecía una mujer demasiado sensible como para bancarse algo. Ah, y porque Pino era un tipo coherente con sus convicciones.

Hoy, 16 meses después de aquel día, Mariano me cuenta que se afilió a La Cámpora «o algo así». Conmovido por la fortaleza de Cristina y por el apoyo masivo de todo el mundo, incluyendo los medios monopólicos y los Jefes de Estado de países imperialistas y buitres, creyó que era necesario acudir a la convocatoria a la que se estaban sumando miles de jóvenes. Pino, ahora es un viejo mentiroso y traidor. Un ex progre, al igual que Lanata y Caparrós. Unos empleados de Magnetto.

Se buscan ex empleados de Sólo Empanadas
para actividades de militancia comprometida
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Cuando terminó de contarme la importancia de volver a la militancia de los gloriosos setentas y lo fundamental de apoyar un modelo para no volver a la odisea de 2.001, yo le recordé que, independientemente del detalle de que en 2.001 Nilda Garré y Diana Conti también eran funcionarias del infierno, no podía caer en la facilidad del pensamiento lineal, del yo te voy a imponer un país para todos aunque tenga que pasar por encima de tu cadaver, me dijo que no lo entendía porque, en el fondo, yo era un gorila.

Hurgando en mi billetera, buscando mi afiliación, me di cuenta de lo inútil de mi accionar. Si él, que toda la vida había sostenido que jamás votaría a un peronista y que Kirchner era un grande por haberse cagado en los milicos, que han sido el cáncer del país desde el primero al último, me tildaba de gorila a mí ¿Qué sentido tenía que yo le mostrara algo tan frío como un documento de afiliación? Entonces, le hice la pregunta crucial: ¿La Cámpora no está dentro del PJ? 

Todavía me estoy puteando por haber efectuado ese interrogante. Me refirió que habló con los chicos y le contaron que dentro del marco de la transversalidad, ellos están aglutinando personas que tengan vocación de militancia sin importar la procedencia, siempre y cuando apoyen el proyecto de Cristina. O sea, están rejuntando. 

No discutí más. No valía la pena. Era gastar pólvora en chimangos. No tiene sentido intentar convencer a quien ya se encuentra convencido. Aparte, cuando dejen de ser Gobierno, fiel a su espíritu apolítico, votará a quien le parezca que tenga que votar. Sin valores, sin proyecto, sin plataforma de gobierno, sin nada. Por suerte, la juventud kirchnerista está bien ubicada en tiempo y espacio y llevan los estandartes de los setentas -esos que sus líderes vieron desde el sur cuando dejaban de contar billetes usurarios- como la Justicia Social y el combate a la burocracia sindical que llenó de gorilas al gobierno popular.
Fíjensé en Ottavis, por ejemplo, que de la Dirección General de Políticas para la Juventud de la Ciudad de Buenos Aires se llevó hasta los saquitos de té -y eso que es un área de Gobierno con un presupuesto ínfimo- y fue el primero en salir a bancar a Moyano desde la ex Gloriosa Juventud Peronista de la Provincia de Buenos Aires, aunque ahora prefiera expresarse como «integrante de La Cámpora».
No se qué me da más risa. Que los Nestornautas banquen a un gordo ladrón, burócrata sindical, estafador de enfermos oncológicos y con algunas docenas de procesos judiciales en marcha -entre las que ya se está sumando el bardo de la Unión Ferroviaria-, o que confíen en el liderazgo del elefante marino del Máximo, que un día estaba de joda con los amigos y 48 horas después, es una personalidad política a la que hay que respetar.
Pero estos tipos, pretenden militar por una persona, no les importa la doctrina, esas son cosas de otras generaciones, probablemente viejos de mierda que prefieren al gorilaje que un gobierno Nacional y Popular.. Y es que, en definitiva, pertenecemos al tiempo de Karina Jelinek. Es la generación que no lee libros.

Lunes. Respeto tu creencia, si es que la tienes.