
El encanto del fin
Corría el año 1999 cuando, en una tarde de pelotudeo, me encontraba en la Casa Rosada. Un vigilante amigo -que duró de vigilante lo mismo que me duró de amigo-

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Un viernes cualquiera del verano de 1988. Un hombre se levanta a las 5 de la mañana para hacer la cola en el banco. La inflación se dispara -y lo que

En sus primeros años, la democracia era como todo bebé que arranca: se mandaba cagada tras cagada pero se le perdonaba todo, porque se sabía que estaba aprendiendo, que había

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Intenté robar una vez en mi vida y no salió del todo bien. Técnicamente hablando, no fue un robo, sino un hurto, dado que no ejercí violencia sobre persona alguna,

Cristina finalmente aceptó que es más divertido ser presidente cuando no tiene que lidiar con el inconformismo de este país, en el que todos quieren algo, desde una licitación amiga,