Pateando el Tablero
Graciela Fernández Meijide reapareció. Al principio me asusté, pensé que estaba en una de esas situaciones en las que uno se despierta de un mal sueño y al leer el diario se encuentra con que todo es real. Pero no, ya no es Ministro de De La Rúa. Fue duro comprobar que todo lo que vino después también es cierto. Lo llamativo es que dijo un par de cositas que desestabilizaron la psiquis de Doña Estela de Carlotto, como asegurar que los desaparecidos no son 30 mil, sino poco menos de 10 mil. También sostuvo que en una posible reforma al Código Procesal Penal, sería beneficioso incorporar el beneficio de la reducción de pena a quien aportara información fehaciente.

Haber formado parte de un gobierno ficticio, no quita que pueda decir algunas verdades contundentes.

La titular de Abuelas de Plaza de Mayo se lo tomó a mal. Dijo que nunca negociará las condenas de los genocidas con el objeto de encontrar un solo nieto apropiado. Parece mentira que esta mujer casualmente no haya encontrado al suyo y asimismo sostenga tamaña objeción. Evidentemente, puede más el rencor que las ganas de reencontrar el fruto de su propia sangre.

Doña Estela, planteándole a Cristina algunas problemáticas con las políticas de Derechos Humanos del Gobierno Popular. También aprovechó para preguntar dónde está Julio López.

La figura de Estela de Carlotto siempre me generó grandes controversias. Por un lado está la increíble obra de Abuelas de Plaza de Mayo de encontrar tantos nietos apropiados ilegalmente. Por otro lado está ese abuso del derecho a la identidad que lleva a que uno tenga la obligación de saber de dónde viene, a pesar de no quererlo. Sus declaraciones tampoco han sido de lo más felices. Pero una mujer que confiesa haber brindado con su familia cuando murieron 180 conciudadanos en los bombardeos a la Plaza de Mayo del 16 de junio de 1955 y luego de que le secuestraran a la hija trata de facista a todo aquel que no tenga ganas de comprometerse con los derechos humanos, no deja de ser una muestra más de lo que somos como país.

Un abrazo raro.

Parece que 10 mil muertos no es un número que ya genere terror por sí solo, así que mejor multiplicarlo por tres. Todo esto no sería tan importante, si detrás de cada desaparecido no hubiera una jugosa suma en concepto de indemnización por parte del Estado que hace mierda los motivos -valederos o no, ese no es el punto- de quienes realmente estaban en la lucha armada. Pero esta mujer, junto con Hebe de Bonafini como ejemplo más histriónico, han hecho de los desaparecidos un negocio. Subsidios millonarios, violaciones al orden jurídico. Todo está permitido. Lo que tocan, lo desameritan. La causa seguida contra Julio César Grassi hubiera sido mucho más interesante si uno no supiera que en la querella estaban las Abuelas de Plaza de Mayo, dispuestas a cualquier cosa con tal de quedarse con la fundación y sus 600 pesos por chico.

Nacho Copani también está en la Universidad de las Madres, en la Cátedra «Viviendo del Estado al que supuestamente Combatimos»

Y nadie puede desacreditarlos. Una mujer que integró la CONADEP y fue parte de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos tiene más que información fehaciente. Para Carlotto dice boludeces. Fernández Meijide fue parte de quienes se encargaron de sacar cuentas de cuántos desaparecieron. Y encima es madre de uno de los que integran esa lista.

Casa de altos estudios.

Pero no podemos esperar mucho de quien se abraza con Presidentes que dicen defender los Derechos Humanos cuando se enriquecieron con las maquinarias jurídicas del último gobierno de facto. En el país de los 5 mil pobres nuevos por día, en la tierra de los muertos de hambre con silos rebazando de trigo, en la nación de los hombres que se van de la función pública siendo multimillonarios, los derechos humanos son un negociado más, monopolizado por una señora proveniente de la alta alcurnia de la sociedad. Esa misma alcurnia a la que sus adeptos llaman oligarquía gorila.

Martes. Si pedir sentido común es ser facista, me voy poniendo la camisa negra.