El Relato volvió con todo

Comenzó tibiamente. Mejor dicho, durante la campaña 2019 existió un fuerte relato, pero vamos: estábamos en año electoral. Todos sabemos que en tiempos proselitistas se prometen cosas imposibles, como bajar la inflación y el desempleo, combatir la inseguridad y demás cosas que son posibles en muchos países que no están habitados por argentinos.

Logrado el triunfo apareció un hombre fuerte y dialoguista, un tipo que no se vio nunca, ni cuando fue jefe de Gabinete, ni mucho menos cuando fue un opositor recio que le daba clases por Twitter a Cristina sobre el respeto a los fallos de la Corte.

Debemos reconocer que aún en campaña lograron vender el mayor de los relatos: el del tipo común. Un hombre que vive de prestado en un departamento en Puerto Madero. Como vos y como yo si tuviéramos al Pepe Albistur de amigo. Uno más del montón que le gusta sacar a pasear a su perro, hacer lobby gracias a sus contactos de añares en la gestión pública para facilitarle las cosas a algún multimedios o a alguna petrolera. Changas, como cualquiera.

Una vez en funciones tuvo que aclarar mil veces que las decisiones las tomaba él. También aclaraba que le consultaba a la vicepresidente cada decisión, como para que no queden dudas de que no sabemos qué hace.

Y de a poquito comenzó la épica del Superman de La Paternal, que obviamente no puede parecerse en nada a un hombre común. Un hombre común no puede manejar una pandemia ni estar al frente de los destinos de un país. Un hombre común no tiene que lidiar con las presiones y los problemas de administrar un territorio con 44.5 millones de insufribles a los que cada problema les pasa solamente a ellos pero que la solución tiene que ser del resto.

Llega una pandemia y el hombre nos dice que entre la salud y la economía, él cuidará la vida, como si alguien le hubiera puesto una pistola en la cabeza para que decidiera sólo una de las dos opciones. Le toman los terrenos al pasante que tiene en la gobernación de la provincia de Buenos Aires y la única acción que llevó a cabo fue contestarle el teléfono a Cristina para saber quién sería el reemplazo de María Eugenia Bielsa luego de que la ministra presentara la renuncia harta de la falta de voluntad. El pasante bonaerense no sabe cómo pagar sueldos a la policía y Clark Kent se quita los anteojos y se abre la camisa para firmar un súper decreto que le quita la guita al único distrito opositor que todavía le atiende el teléfono.

Y el relato se hace carne. Un año de escuchar que los porteños gastan plata en los helechos de las avenidas iba a hacer mella. Porque si hubo algo que todos esperábamos era revivir el conflicto puerto-interior que tan buenos resultados nos dio en la primera mitad del siglo XIX.

O sea, teníamos relato, pero ahora…

Ahora sí tenemos el relato que esperábamos, ese plagado de épica hasta para inaugurar una inauguración de una futura obra a inaugurar. Y hacerlo a los gritos como si recién terminaran de rescatar al ejército aliado en Dunkerque mientras pasean entre cimientos de casas sin techos o se sientan en una parada de colectivos.

 

Relato para todos

Para que nadie se quede con las ganas hubo épica para suspender las clases durante un año y, cuando se pudrieron las encuestas, hubo un anuncio del súper presidente en el que aseguró que las clases “son una prioridad”. Épica, llantos, trending topics, memes con imágenes de gorilas sodomizados y demás comentarios héterodudosos.

Cinco días. Solo cinco días después el Presidente saca un decreto y anuncia la suspensión de las clases. Épica, llantos de alegría, trending topics, Silvestre baila en cámara, memes de gorilas sodomizados y demás comentarios héterodudosos.

La Corte falla en contra del DNU. Épica, llantos de bronca, trending topics, Marziota llora porque Eduardo Gerome la hizo quedar como idiota en Intratables luego de vincularlo con la dictadura, proliferan videos de influencers desmitificando el hecho de que la escuela sirva para algo, memes de gorilas sodomizados y demás comentarios héterodudosos.

Nombran a un ministro de Transporte con una laureada experiencia en el rubro que consta de cuatro meses al frente de Trenes Argentinos y lo presentan como el “primer ministro abiertamente gay de la historia de la Argentina”. Épica, llantos de alegría, trending topics, Navarro se abraza a sí mismo mientras grita gol, memes de gorilas sodomizados y demás comentarios héterodudosos. Sí, incluso en esta. Y nada de marcar la incoherencia. “No soy homofóbico, man. ¿No ves que apoyo a un gobierno con un ministro gay? Seguí chupando que la tenés adentro desde octubre de 2019, culorroto”.

Lo curioso es que, tras saber que Jorge Faurie fue el representante de las relaciones exteriores del país, uno entra en pánico. ¿Sabían los jefes de Estado de otros países que estaban estrechando la mano de un homosexual? Faurie estuvo mal y tiene que pedir perdón. No alcanza con que lo contara en una entrevista, sino que tenía que aclararlo en su tarjeta personal: Dr. Jorge Faurie, Abogado, Diplomático de Carrera, Ministro de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, Abiertamente Gay.

Por no aclarar se perdió un lugar en la historia. Porque, no sé si vieron, en esta nueva corriente cultural que vivimos hace ya unos años, hay que exagerar lo que somos para mostrar que estamos del lado correcto. Como si lo que importa a esta altura del partido es a quién llevamos a la cama y no si cumplimos fielmente con nuestro rol.

Igual, el punto es otro. La apropiación cultural del kirchnerismo es la gran batalla ganada y por goleada. O sea: un grupo que reivindica lo que le conviene de los períodos peronistas que se les antoja levanta la bandera de la lucha por los derechos de la comunidad LGBT que está activa desde que un par de locos se atrevieron a darle organicidad en medio de una dictadura, más tarde levanta la bandera de la interrupción legal del embarazo, reclamo histórico de muchos sectores, pero nunca del peronismo. De ningún peronismo hasta hace unos años.

Siempre me causó algo de simpatía el tipo que tenía una ensalada ideológica en la cabeza, ese que se dice peronista con una remera del Che. Pocas cosas en la historia de la Argentina fueron tan agresivas con el comunismo como el Teniente General Perón. Pero con el tiempo me di cuenta que Perón y el Che tenían dos cosas en común: estaban en contra del aborto y despreciaban a los homosexuales. Supongo que era la época.

Remarco que me parece perfecto que muchos peronistas modernicen sus posturas al respecto. Bienvenidos al siglo XXI. Lo que parece un chiste es que sean tan selectivos con los lineamientos del peronismo. ¿Por qué pueden modernizar las posturas frente a los derechos personalísimos e individuales, pero no pueden hacer lo mismo con teorías económicas perimidas o las legislaciones sindicales que atrasan un siglo, literalmente? ¿Por qué si alguien plantea ideas muy peronistas respecto de la inseguridad es tildado de facho por los peronistas del siglo XXI?

Puedo entender que no sean tipos muy leídos en materia de doctrina justicialista y hasta que les resulte aburrida. Pero no es normal sentirse parte de un movimiento del que se desconocen sus principios rectores nunca actualizados y una historia que hasta tiene spots de propaganda en los que llamaban a denunciar a los malos compañeros que cobraban sin trabajar. No sé cómo vendrán en terapia, pero por más amplio que sea el paraguas del “pragmatismo peronista”, no hay forma de hacer una interpretación entrelíneas de un discurso que llama a no descansar “hasta aniquilar al último psicópata” en relación a la subversión. ¿Cómo hicieron para ver un metamensaje del general en otra dirección?

Lo curioso es que sigue la puja sin definirse. Los sindicalistas se cagan en los progres y dicen que ellos mismos son los representantes del pueblo trabajador mientras que los más recalcitrantes defensores del kirchnerismo no están afiliados al Partido Justicialista ni a ningún sindicato. Hay que reconocer que ganan las batallas culturales también puertas adentro: Kicillof es un compañerazo y Pichetto un facho. Como que todavía les dura la inercia del veloz salto del Frepaso hacia el kirchnerismo.

Discusiones muy modernas, constructivas, para sacar el país adelante. Y todavía hay giles como yo que creen que debemos repensar puntos inalterables en políticas de Estado a mediano y largo plazo. ¿Cómo lo haremos si el principal actor político del país todavía se quedó en una discusión en una mesa del Café Margot en 1965?

Dejo para otra ocasión el amplio espectro del peronismo en la diáspora porque todavía no logré terminar de descularlo. Todos creen que los ejemplos son Pichetto o Emilio Monzó, pero entre los seguidores de Juntos por el Cambio respetan a uno y desconfían del otro. Lo cierto es que el peronismo porteño de los años noventa es la base del PRO: Rodríguez Larreta, Santilli, Ritondo, Corach hijo y demás muchachos de la Juventud Peronista noventosa devenidos en dirigentes.

Así se ha consolidado y solapado el evento surgido en 1995, cuando en las elecciones había que elegir entre los peronistas Menem o Bordón, y que tuvo su pináculo en 2003, cuando al ballotage llegaron Menem y Kirchner. Todo el país define la interna de un partido, simpaticen con él o no.

Hoy se ha dispersado tanto el asunto que, salvo que se vote al Frente de Izquierda, el resto es una sentencia firme. No importa que boleta coloque en el sobre en una elección, seguramente estará votando al menos a un peronista.

Y esto es otro relato impuesto por quienes gobiernan y por buena parte de la oposición: que el peronismo es el cáncer/el salvador de la patria. Y que los únicos peronistas son los que están en el Poder. Hasta que comienza a flaquear y resulta que al gobierno le fue mal porque no era el verdadero peronismo.

Todavía creo que los constituyentes pusieron en el texto supremo que “los partidos políticos son instituciones fundamentales del sistema democrático” por una sencilla razón: orden. Desde 1916 para aquí se han enfrentado en elecciones concertaciones, frentes o alianzas con un partido mayoritario a la cabeza. Hasta ahí, todo bien. Siempre existieron grotescos totalmente opuestos en forma y fondo coexistiendo en los mismos partidos políticos, pero rara vez en las tomas de decisiones cuando están en el Poder.

Hoy el ejemplo es el que tenemos. ¿Qué tienen en común Patricia Bullrich y Guillermo Montenegro? ¿Lipovetsky y Carrió? Sergio Massa está más cerca del ideario de Rodríguez Larreta que del de Cristina Kirchner. De hecho, siquiera surgió del peronismo hasta que fue rescatado por Barrionuevo. Y sin embargo está en un lado y no en el otro. ¿Motivos? Capaz me equivoque, pero creo que el cálculo político lleva a que uno se suba al colectivo que llegue más rápido al Poder.

Pero es lo que me pasa por boludo, por creer todavía que sabemos diferenciar ideas de creencias.

 

 

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