Trucholandia
Un empleado judicial de Lomas de Zamora, sale del laburo, camina 5 cuadras e ingresa en el bolishopping de la calle Larroque para comprarse un jean Levi´s por 80 pesos. No es Levi´s original, pero lo parece. Sale de allí y se dirige a la estación de tren, donde compra tres películas por 10 pesitos. El vendedor no tiene cambio, le pide al policía que le cubra el puesto mientras pide billetes al puestero de al lado, que vende las pelotas que le quedaron del mundial a precio de liquidación: veinte pesitos.
Una señora se para frente a la vidriera de Lacoste para pedirle talle al puestero que tiene chombas al 10% de lo que vale la que esta en vidriera. Su futuro regalo, es coherente con sus lentes Ray Ban de 25 pesos comprados en la puerta del Alto Palermo, su cartera Louis Vouitton que le trajo una amiga que va cada tanto a La Salada y las zapatillas Nike adquiridas por unos módicos 70 pesitos a la chica que vende en el trabajo. Huele algo parecido al Play for Woman, de Givenchy, pero con un toque a desodorante de pisos que recuerda a todo el que pase por al lado que, algunos kioscos, también son perfumerías.
Un operativo decide confiscar mercadería trucha, la gente se pone nerviosa, cagan a cascotazos a la Policía y terminan cortando la calle reclamando que respeten su derecho a vivir en la ilegalidad y el trabajo informal Tiene lógica. Si el dueño de La Salada sale en los programas confesando que en sus ferias se venden cosas truchas y genera menos sorpresa que la confesión de homosexualidad de Pablito Ruiz, no vamos a pretender que nos vengan a hablar de Ley de Marcas y otras yerbas arcaicas.
El perverso mecanismo psicológico de pretender ser lo que no se es, mintiéndonos a nosotros mismos, está presente en todos, en mayor o menor medida, aunque se manifieste de forma distinta. Así como yo repetía como loro los dichos de mi abuela afirmando que no estaba gordo, sino que tenía los huesos grandes, también está la señora que va en el subte con una remera que, tanto ella como los demás, sabemos que no es de Dolce y Gabbana, como tampoco es real el Rolex que usaba nuestro colectivero amigo en los tempranos ´90.
Lamentablemente, la mentira autoinflingida, a veces toma caminos lindantes con la patología narcisista exacerbada. Un Jefe de Gabinete que dice que la Ley de Derribo, mediante la cual se autoriza a voltear cualquier avión que invada territorio argentino negándose a identificarse, es como aplicar la pena de muerte sin juicio previo, está dando una afirmación tan pelotuda como suponer que detener a un delincuente in fraganti, es actuar sin orden de un Juez. Es tan falaz como cuando afirma que para el Gobierno Nacional es una prioridad la lucha contra el narcotráfico, siendo que rajaron de la Superintendencia de Drogas Peligrosas de la Federal a todos los oficiales que habían hecho el curso de la DEA y del FBI en lucha contra el narcotráfico moderno. O cuando carga contra la radarización de la Argentina por parecerle inútil ante la certeza de que los aviones no aterrizan para descargar droga, sino que la tiran desde arriba. Habría que preguntarle a Aníbal para qué se piensa que están los radares, si de todos modos, las pistas clandestinas se pueden encontrar hasta con el Google Earth. Si ARBA te la pone con una fotito de la pelopincho que tiraste en el patio de tu casa ¿tan difícil es encontrar una pista clandestina?
Después de todo, es la misma Universidad
que certifica que ella se recibió.
En este panorama, no es irracional que una Universidad Nacional como la de La Plata instituya un Premio a la Libertad de Expresión llamado Rodolfo Walsh, dado que el bueno de Rodolfo murió luego de hacer pública una carta abierta al Gobierno de Facto de Videla. El hecho de que Walsh se haya cargado unos cuantos fiambres por el hecho de que pensaban una argentina distinta a la que él pretendía, son detalles menores. Partiendo de esta base, a nadie puede asustar que le entreguen el premio a la Libertad de Expresión al compañero bolivariano Hugo Chávez Frías. Después de todo ¿qué son un par de periodistas muertos, tres docenas de radio cerradas y un canal de televisión clausurado, si se da por garantizada la comunicación de que no se están muriendo de hambre, sino que están haciendo la revolución socialista?
El Presidente de Venezuela habló tanto que los presentes afirmaban nunca más quejarse de los discursos de Cristina, mientras que los periodistas que no pudieron ingresar, festejaban por volver a casa para la cena. Entre las grandes frases vertidas por el cumpa, se lleva el podio la afirmación de que en Venezuela hay plena libertad de expresión y que never in the puta life existió la censura. Le falló el GPS: ante un público nutrido de tupamaros de Milagro Sala y socialistas y con la seguridad en manos de los pacifistas de Quebracho, se manifestó soldado de Perón.
Pero como detrás de tanta mentira, siempre asoma algo de verdad, Chávez se despachó con una frase que fue la cereza del postre: El mundo lo ponen al revés. Los que luchamos por la igualdad, por la justicia somos tiranos y los golpistas son reconocidos.
Miércoles. Fueron a La Salada por una estadista y nos la vendieron por Presidente.