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Está todo bien

Está todo bien

Existen en el mundo diferentes índices que miden diversas libertades. Porque puede que nos hayamos olvidado, pero hay libertad de expresión, libertad de asociación, libertad de negocios, libertad religiosa, libertad sexual, etcétera. Algunas de esas mediciones se centran solo en la libertad económica, otros agrupan las mediciones para elaborar un índice de libertad individual.

De todos los índices, uno de los más complejos es el Indíce de Libertad Humana realizado por el Cato Institute. Es un centro que comenzó como usina de ideas libertarias en los Estados Unidos en 1977 y que, desde entonces y con el devenir de la historia, se ha ido alejando y acercando a las distintas gestiones por cuestiones como su oposición al abordaje del narcotráfico o al conservadurismo. Esto ya es algo que debería ser abordado desde un punto de vista esotérico o paranormal. ¿Acaso existe en todas las Américas un componente sobrenatural que obliga a que el liberalismo económico sea conservador?

Igual, mi tema de hoy pasa por otro lado que va en paralelo. ¿Cómo hacen los países con buenos índices de libertad económica y civil para vivir sin un gobierno que les recuerde permanentemente lo afortunados que son? ¿Cómo hace Kaja Kallas, la primera ministra de Estonia, para irse a dormir los domingos sin haber dado una clase magistral al alumno periodístico de ese fin de semana?

Kallas es una mujer perteneciente al Partido Reformista, de ideología liberal clásica, con algunas corrientes liberales conservadoras. Sus problemas como gobierno fueron económicos al inicio, como cuando por su ideología quiso hacer puré el IVA y tuvo que dejarlo para otro momento por la recesión económica.

Tiene un pequeño problemita, como que Vladimir Putin haya ordenado su captura internacional hace un mes. Sin embargo, no tiene la obsesión de mostrarse permanentemente como líder de nada, no es propuesta para colocar su rostro en un edificio. Ni siquiera tiene ningún alma caritativa que le haga un dibujito con inteligencia artificial en la que aparezca como Capitana Marvel o alguna diosa egipcia. Y eso que no necesita que intervengan sus imágenes para tener ganas de hacer cucharita con 42 grados de temperatura.

Me pregunto cómo hará la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, para administrar a uno de los tres países con mayor índice de libertad humana del mundo, si es una socialdemócrata. No tiene un culto a la personalidad en las redes sociales, no está permanentemente encima de la conversación pública. Entre sus problemas de gobierno tiene el temita de la amenaza rusa a Europa. Como todos, bah. Decidió preparar el terreno por las dudas: abrió el servicio militar obligatorio hacia las mujeres. Puede que la izquierda no la putee por no saber si eso es igualdad de género positiva o no, y puede que la derecha no la insulte porque se amplía el ejército, aunque sea con mujeres.

La República de Irlanda, esa a la que podríamos alcanzar en unos 40 años –si el pronóstico no falla– está gobernada por el partido conservador Fine Gael. Forma parte del hermoso podio de los países más libres del mundo según el Instituto Cato. O sea, es uno de los mejores países para vivir. Salvo que seas judío, claro.

Debería ser un orgullo conservador. Pero en las Américas aún no sabemos qué hacer con eso de que el primer ministro Leo Varadkar sea gay y de ascendencia india. Mucho menos podemos digerir que se le haya ocurrido someter a referendum una reforma constitucional que permita decir que familia es mamá y papá, o dos mamás, o dos papás, abuelos, tíos, primos o amigos. El 70% le votó en contra. Para colmo de males, su PBI se contrajo el último año. Quizá sea porque el primer ministro, además de trolo y extranjero de sangre, no tiene el coraje de insultar a países lejanos que, aún con gobiernos de mierda, les van mejor que a ellos.

No quiero ni pensar en la pesadilla de ser político en Suiza, primer puesto del listado de libertades humanas del planeta. ¿Cómo corno se puede tener una vida normal si te gobiernan siete personas en igualdad de condiciones y ninguna es primer ministro ni presidente más que las otras seis? ¿Se volvieron locos? ¿Dos liberales, dos socialistas y tres coreacentristas en el mismo gobierno? ¿Quién atiende al Majul de Zurich los domingos? ¿Cómo carajo hacen una batalla cultural de esa forma? ¿Quién acusa de traición a quién?

¿Y cómo hacen los habitantes de todos esos países de arriba, a los que se suman Suecia, Islandia y Finlandia, para llevar sus vidas sin saber qué hace el gobierno a cada hora? Ninguno de sus mandatarios cree que es un enviado divino. O al menos no lo dice en público. Ni en privado.

Estuve días abocado a la búsqueda de algún video faveado por alguna autoridad ejecutiva de alguno de los veinte países más prósperos, estables y libres del mundo. Puntualmente, busqué alguno que se pareciera a ese en el que un muchacho renuncia a su plan para ser libre gracias a que consiguió el laburo que dejó vacante el bachero paraguayo que se volvió a «su país». No encontré nada, ni parecido ni diferente a lo que hizo nuestro Presidente. Ellos no saben lo que se pierden.

Mi confusión es total, les juro. Durante décadas, desde libros y fundaciones de liberalismo, me enseñaron y machacaron que el gobierno ideal, por lógica de su efectividad, es ese del que no nos enteramos qué hizo hoy. Y ahora resulta que tengo que saber hasta la vida heteropotente del Presidente.

Mientras esperamos la obvia y esperable destrucción de la inflación, me pregunto cómo harán otros líderes mundiales para resolver problemas sin charlar con Dios, sin recibir ese mandato divino, supremacista de primus inter pares, de futuras leyendas. ¿Qué gracia tiene administrar un país si no se tiene la certeza de obtener un busto para ser admirado en un futuro más cercano que lejano? ¿Para qué se quiere el poder si no se puede ser poderoso?

Les juro que la Constitución Nacional de la Argentina no tiene ningún artículo, ningún inciso, ninguna disposición transitoria que obligue a cada presidente a estar permanentemente en un Gran Hermano inverso que fuerce a que cada habitante del país deba hablar de cada decisión administrativa con la solemnidad de quien presencia el Tratado de París de 1947.

El mundo pende de un hilo como no lo hacía desde los puntos más álgidos de la Guerra Fría. Literalmente: mi generación, las que me siguen y la que me precede, nunca estuvo ante tan grande peligro, tan cerca de una calamidad bélica, económica de tamaña magnitud. ¿Puede que no pase nada? Obvio, como salió bien mil veces a lo largo de cuatro décadas de conflictos entre Moscú y Washington, de las que solo nos enteramos un puñado.

Rusia contra Ucrania en el terreno, Rusia contra todos en las sombras, Irán, Israel, Siria, Gaza, Taiwán, China, Armenia, Pakistán que se acerca a Afganistán mientras su enemigo histórico, la India, se sumerge en un delirio nacionalista en una tierra con miles de culturas. Cinco de esos países tienen armas nucleares. Se sospecha que uno más también. Y todo en el marco en el que los Estados Unidos apenas pueden con su política interna mientras que a Rusia y a China les importa tres carajos esos delirios burgueses occidentalistas llamados derechos humanos elementales.

¿Cómo se prepara la Argentina para cualquier movimiento de piezas en tamaño tablero de ajedrez? No digo que debamos estar listos para una guerra, que siempre se desactivan a último minuto, sino qué hacemos con cada movimiento. Porque Ucrania e Israel son conflictos con alto rating y de alta polarización, puntualmente entre los que están a favor de nuestro estilo de vida y el resto. Ahí el gobierno toma postura automáticamente, no vaya a ser cosa que se pierda un flash. Y el resto del inmenso mundo, se puede ir a cagar. Bastante tenemos con nuestra hipótesis de conflicto que disparó un listado de usuarios a ser bloqueados en Xuitter.

Nosotros estamos para otra cosa. Nuestra batalla real es cultural contra los que nos trajeron a este lugar de mierda. ¿Quiénes son? El discurso de medianoche del Presi en Ushuaia fue tan confuso como su vestimenta y sumó un nuevo condimento a esta novedosa forma política. Así, nuestro anarconacionalismo con ordenamiento de tropas libertalinista se alinea con unos Estados Unidos que, en estos mismos instantes, no saben si seguir en la misma senda internacional o virar. Y todavía faltan sus propias elecciones presidenciales.

Para lo demás, el enemigo es lo que el gobierno decida. Y no se salva nadie.

La semana pasada fue nombrado Secretario Legal y Técnico de la Administración Nacional de Seguridad Social un fulano llamado Enrique Buscio. Para quien no sepa cómo funciona el Estado, cada ministerio u organismo importante tiene un área legal y técnica. Los que están al frente de las mismas tienen más conocimientos que cualquier funcionario político. Y el conocimiento da poder. Lo felicitamos a Buscio por obtener el mejor cargo existente en la Anses.

También lo felicitamos por haber sido premiado en vez de ser denunciado por haber autorizado que Cristina Kirchner cobre su jubilación de privilegio junto a la pensión de privilegio de su difunto esposo, y con retroactivos. También lo felicitamos por haber sido ascendido en vez de echado y denunciado por haber contratado seguros de esos que están en la causa por la que se investiga a Alberto Fernández. ¿Por qué lo felicitamos? Por tener el ojete que ninguno de nosotros, pobres pelotudos pagadores de impuestos, nunca tuvimos ni tendremos.

Cuando digo que no se salva nadie, me refiero a que el gobierno nacional es inclusivo y anti grietas cuando le conviene. La muchacha que firmó el grueso de los telegramas de despidos en la Anses, entró a trabajar al gobierno de la ciudad con Macri. Pasó a la Nación con la presidencia de Macri. Fue tomada en la Secretaría de Asuntos Estratégicos del GCBA (?) de 2019 a 2023, cuando todos los antilarretistas se refugiaron en el sector privado. Privado de salir a repartir currículums. Magistralmente fue tenida en cuenta por el gobierno de Milei para la Dirección de Recursos Humanos. ¿De quién depende? Del que le dio la doble jubilación de privilegio a Cristina y contrató los seguros de Alberto.

Lo que no entiendo es por qué fue tan boluda de poner su nombre, apellido y firma. El resto de los despedidos del Estado recibieron notificaciones sin que nadie pusiera la caripela.

Como ella, son miles que siempre caen parados sin ningún control de calidad para los intereses del Estado. ¿Pero qué podemos esperar si Scioli está ahí, muy campante, y Lijo es propuesto para la Corte Suprema?

La Argentina tendrá uno de los peores desempeños en políticas ambientales, pero es el país del reciclaje. Acá nada se tira, todo se transforma si tenés los contactos adecuados. Esa es la única y verdadera casta, la que nunca se somete a elecciones y siempre tiene la cuota de Poder suficiente como para acomodar a quien quiera donde desee sin importar quién gobierne. Y no sé si Milei se aprovecha de eso para dinamitar aún más a la oposición o esta se dinamita sola con tal de no quedarse sin sueldo. No, obviamente que lo sé: es la segunda opción.

Durante años pretendí que los kirchneristas más recalcitrantes comprendieran que, para sus jefes, no eran más que porotos en el bingo. Que ellos sobreviven y si tienen que entregar a los soldados para garantizar un trato digno de parte del vencedor, no tienen problemas. Ahí tienen las pruebas. Debo confesar que jamás pensé que sería de este modo, pero Cristina los entregó en bandeja a cambio de conservar la suya y la de sus tenientes favoritos. Porque mientras lo putean a Scioli –como todos– hay más camporistas dentro del gobierno que en un cumpleaños de Máximo.

Porque existirán los principios y los valores. Pero antes que eso, siempre antes que eso, está nuestro estilo de vida. Y para qué ir a la guerra para conservarlo si es mucho más fácil y productivo dar la mano y decir “sí, señor, yo se lo arreglo”.

Soldado que huye servirá para otra guerra, pero soldado que se acomoda, te sobrevive a todas.

Sobre el estribo: Otra semana más sin que se firme el decretito que declara a la organización terrorista Hamas como organización terrorista. Prometo que cuando se haga lo celebraré. Esto no es poner palos porque sí. Realmente me preocupa la calidad institucional que nos deje el país en el que todo está bien mientras el dólar se quede quieto.

El presidente dio una entrevista a Bloomberg en la que afirmó que, si las elecciones fueran hoy, gana en primera vuelta con el 53% de los votos. Y no solo creo que tiene razón, sino que se queda corto. Es lo mismo que con las encuestas sobre imagen pública y paciencia: ¿qué otra opción hay?

Muchos siguen la inercia de qué bueno que no gobierna el kirchnerismo, como único causal para celebrar cualquier cosa. Hay gente que dice desconocerme y, honestamente, podría ser exactamente al revés: yo siempre fui el hinchapelotas de calidad institucional. Y lo que veo es todo lo contrario pero de forma literal: un tanque que pasa por arriba cualquier esperanza de tener una política de Estado a largo plazo. Y no hablo del Congreso y el dialoguismo. Hablo de enviar a indeseables a la Corte Suprema, de poner indeseables en el ministerio de Justicia, de llenar de indesebles cualquier lugar que deba ser garante de calidad institucional. Eso, después de todo, es lo que queda.

Las crisis económicas pasan, el mundo se contrae, se expande, se resiente y se recupera. Pero si la prosperidad económica es lo único que importa, espero que tengamos en claro que el capitalismo es un sistema económico y, como tal, no le importa si hay libertad civil, calidad institucional o no. De ahí que los países que rankean primeros en los índices económicos puedan estar últimos en los de calidad humana y queden a mitad de tabla en libertades civiles. Puede que nos hayamos olvidado del refrán más repetido de nuestra cotidianeidad: la plata va y viene. Tu modelo de vida, no. Y el garante de nuestro estilo de vida occidental, democrático, republicano, institucionalista y capitalista es, casualmente, todas esas variables: democrático, republicano, institucionalista y capitalista.

Depositar la garantía en una persona, revienta por decantación todas las demás variables. Si les parece bien, bueno: a mí no. Cuando depositamos todo en una persona, flotamos en el aire y vamos con el viento. Un día somos socialdemócratas, al otro liberales populistas, más tarde populistas a secas, más tarde normalizadores, luego populistas moderados y represores, hoy anarcoestatistas nacionalibertarios y quién sabe cuál será la nueva ola.

PS: Reconstruyan sus partidos. La democracia necesita de equilibrios.

PS II: Los quiero mucho.

Nicolás Lucca

 

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