Inicio » Relato del presente » Mesa de examen permanente
Hay tácticas de convencimiento que no podemos precisar de dónde las sacamos. Hace como dos eras geológicas contaba con muy poco tiempo para preparar una materia a la que me había anotado para dar libre porque la sola idea de cursarla ya me causaba somnolencia. Un boludo. Ahora, pasados los años, la cursaría con pasión. A veces el paso de los años nos ayuda a comprender cosas que nos resultan abstractas o a tomarle el gusto a lo aburrido.
El asunto es que una cosa son los planes y otra es la vida. Yo deseaba dar esa materia libre y el trabajo me molió a palos. Así que recurrí a esa antigua técnica que no sé quién me la transmitió: de las veinte unidades del programa, preparar muy a fondo una sola, elegir otra muy perdida por el final y estudiarla por arriba. La idea es apabullar.
Me encontraba en la cola para ingresar al aula y, por detrás de mí, la fila daba la vuelta por el pasillo, vaya a saber uno hasta dónde. El titular de cátedra fue a justificar el sueldo, vio la cola de gente, sorbió un poco de su café en vaso de plástico, probablemente quemado, y pidió por “algún valiente que quiera pasar primero”. Levanté las tres manos, me senté y festejé que preguntara si había preparado algún tema para comenzar. No paré de hablar. En un momento, amaga a interrumpirme y yo, con el pánico de que me haga caer en otra unidad que no había ni leído, me apuré a enganchar mi tema con ese otro que tenía leído. Apareció un chico que oficiaba de ayudante de cátedra y le comentó lo que era evidente: la cantidad de alumnos haría que probablemente terminase de tomar examen en una semana. El profesor observó su muñeca y me frenó-aprobó-despachó. Fue la primera y última vez que hice algo así. Diría que es por una cuestión de principios, ética y demás, pero era un mocoso utilitarista que se encontró con que tuvo que estudiar el doble para dar la siguiente materia porque era correlativa.
Hay que reconocer que es una técnica efectiva, pero con grandes falencias en cuanto a su aplicabilidad: depende de una proyección de demora excesiva por parte del oyente, un bombardeo de conceptos y, por sobre todas las cosas, la complicidad o las defensas bajas del receptor para no detectar que una perorata plagada de verdades dentro de un monólogo sin pausa no deja de ser un chamuyo. Veraz, pero inconducente.
Creo que quizás se nos pase por alto que estamos ante un estratega comunicacional como no ha habido nunca. Lo escucho al Presidente en sus confesiones ante su gente de confianza y también siento la tentación de pensar que el entrevistador se la hace muy fácil o que el mundo se ha vuelto un lugar en el que nos parece bien que una persona crea que la banquina es un carril de circulación válido. Sin embargo, puede que estemos ante un genio y que todas sus afirmaciones sean el modo de derretir la corteza prefrontal del entrevistado incapaz de reaccionar. Cuando se logra procesar qué quiso decir con la primera sarasa, el Presidente va por la décima quinta y el cerebro se nos apaga.
Pero comencemos. Imaginemos que uno concurre a una entrevista preparado para no incomodar. Por cortesía, esperamos no ser incomodados. Es como caer en una cena para hacerle la gamba a un amigo y que nos sirvan una comida que nos hace mal. Lo mínimo que esperaríamos ante el favorazo es que nos la hagan fácil. Bueno, cae un tipo de confianza preparado para no incomodar y le dicen que en los últimos años en la Argentina hubo setenta intentos de golpes de Estado, que deportamos como treinta mil terroristas y que la caída del consumo no es tal porque hoy se compra por plataformas digitales. Podrían haber sido treinta millones o cincuenta mil extraterrestres, el fenómeno es el mismo: del otro lado quedan perplejos. No hay otra salida que quedar perplejo. Si fue preparado, no la hicieron fácil. Si no fue preparado, la sorpresa del absurdo puede inmovilizar. Es como querer avanzar en un examen oral y que te ametrallen a conceptos a tal velocidad que ya no se puede evaluar al alumno y se pierde hasta la noción de qué materia es, si esa es la facultad correcta y en qué país se encuentra.
El fenómeno puede afectar a terceros. No estábamos acostumbrados a escuchar a funcionarios como el ministro de Economía, ni mucho menos teníamos noción de que fuera tan rápido para argumentar. Es lógico que nos tome por sorpresa que, por explicación técnica, nos cuente que el antiguo ministro de Economía y hoy gobernador bonaerense es “el anticristo”. Puede serlo tranquilamente, pero creamos o no en esa perspectiva, no hay forma de no quedar paralizado por la magnitud de lo dicho. Quienes curtimos el palo conspiranoico y fuimos criados en el catolicismo tendemos a creer que el anticristo es una persona con una inteligencia superior a la media y un poder sin igual, no un tipo que paga de más un kilo de naranjas y no las puede diferenciar de una bolsa de mandarinas.O es un idiota o es el anticristo; las dos cosas a la vez no se pueden.
A mí también me da miedo que Kicillof sea una opción electoral válida y me abrazo a mi histórico mantra: gobernador bonaerense no elige presidente. También me asusta que Massa gravite en cualquier toma de decisión y me ató a mi otro histórico mantra: el que perdió una presidencial jamás será presidente. Son dos estadísticas nunca quebradas hasta la actualidad. Pero también es cierto que vivimos una época en la que ocurre todo lo que creíamos imposible.
Hay sectores productivos históricos de la Argentina a los que la aguja no se les mueve por Temu ni tampoco por Mercado Libre, y a quienes las explicaciones de café que puedan surgir de boca de supergenios de la economía tampoco les consuela. Y este tema lo tengo bien preparado, eh.
El sector de la producción audiovisual atraviesa una crisis independiente de los cambios de consumo. En la Argentina se han producido las series más vistas de las plataformas más consumidas, además de un buen número de documentales. Esto no tiene nada que ver con el Incaa porque, básicamente, es televisión y multiplataforma, un lugar donde no se puede criticar la caída del consumidor de medios. El dinero de las plataformas no rinde, la pauta publicitaria de los programas de televisión está en el suelo y la explicación es sencilla: si cayó el consumo y las empresas entran en economía de supervivencia, ¿quién va a poner un peso en publicidad?
Podríamos decir que el fenómeno es global, pero no lo es. Argentina pasó de ser un polo de producción audiovisual a encender las alertas de históricos y, por si no lo notaron, hace más de un lustro que no tenemos una ficción local en televisión. Países vecinos nos pasan por arriba y como muestra basta un botón: la película de Barreda se filmó en Montevideo. Puede que el problema para filmar en La Plata haya sido la plata: Uruguay exime el 100% del IVA en los gastos de producción para proyectos extranjeros realizados en el país, además de un sistema de reembolso en efectivo con tope y créditos fiscales extensibles y transferibles.
Aguarde que no terminé. El sector vitivinícola está en el horno y sin papas: botellas más caras que el vino que contienen, insumos dolarizados, presión tributaria que supera el 60% del precio de venta y el aumento de combustibles. A eso se le suma la pérdida de competitividad en el mercado externo que no es absorbida por el mercado interno, absolutamente deprimido en su consumo. Y hasta donde tengo entendido, nadie compra vino por Temu. Creo. Por si fuera poco, los productores temen la pérdida de viñedos históricos ante la imposibilidad de afrontar costos de cosecha y acarreo. Y no, no pueden despachar la cosecha por Mercado Libre.
Espere que sigo. Damos por sentado que el sector rural está de parabienes. Cosas de citadinos. Hay dos planos totalmente desfasados: sí, los grandes productores de granos y los exportadores viven cifras récord y sí, las pequeñas y medianas empresas y las economías regionales tienen la rentabilidad parada sobre una hoja de afeitar. Me costó aceptar el dato, pero efectivamente han cerrado mil tambos en los últimos dos años y medio. Mil. No sé si es un montón o es un margen aceptable, pero desde Coninagro lo ven como un problemón adjudicable a la baja del consumo. Ok, nadie diría que una leche chocolatada es crucial para el desarrollo de un ser humano, pero una caída del 40% en sus ventas puede indicar que era un consumo aceptado. Si consiguen chocolatada por puerta a puerta, chiflen.
Me queda esto, mire. El sector yerbatero argentino está en crisis. Y es una crisis histórica, como no veían hace décadas. Tiene un descalce total entre el costo de producción y los precios mínimos que se les paga a los pequeños productores. La crisis es generalizada y afecta tanto al pequeño productor como a los dueños de las históricas marcas, con un esquema de sobrecostos que no ha cambiado ni un poquito desde la época del kirchnerismo, al que se le suman los incrementos constantes en combustibles y los aumentos en fertilizantes y agroquímicos. Sobre eso, vienen los impuestos. Jamás pensé que se podría hacer pomada al sector yerbatero en este país, donde nacemos con una bombilla en la mano.
Yo no sé si esto es jodido, pero si el FMI dice que el crecimiento argentino debe ampliarse a otros sectores, quizá no sea una fantasía de los empresarios que perdieron guita. Tal vez cuando el FMI recomienda crear empleos, tenga algo que ver con la caída del consumo. También podría ser que se dejaron llevar por el clima. Si en vez de enviar un equipo técnico para revisar nuestras cuentas económicas le hubieran pegado un tubazo al presidente, se ahorraban pasajes, alojamiento y, de paso, se llevaban una masterclass. A veces le salen de corrido, otras le pifia a la materia y prepara dos unidades para la mesa de examen equivocada, como ocurrió en el coloquio de Idea, donde se le tiró por la cabeza al anfitrión una nueva disputa con periodistas mientras todavía humeaban los tuits que disparó en su cuenta contra otros periodistas.
Y encima se enoja. Ni una tapa ni una portada sobre la accidentada exposición ante Idea. Todo lo contrario.
Pueden ser los cien mil intentos de golpes de Estado que no registramos por estar adormecidos por los medios, los treinta mil terroristas echados que no sabemos cómo entraron ni se fueron si nadie los registró, las corridas por setenta mil millones de dólares o todas esas cosas que pasaron mientras nosotros estábamos preocupados en sobrevivir. Puede ser lo que queda del kirchnerismo en el horizonte, puede ser que el que tiene guita no quiera invertir pensando en que cambien las reglas, puede ser que el que tiene guita no quiera invertir en este contexto político, y pueden ser las dos cosas. Me inclino por la tercera opción, algo tan, pero tan anacrónico como un “nosotros o ellos”.
Antes de cerrar, déjeme agregar esto. Tiendo a decir que casi todo lo que nos afecta son problemas globales, como si quisiera abrir un paraguas para que no me fajen tanto. Muchas veces ha sido así y, producto de nuestro pupismo, cargamos contra nuestras autoridades. Es fácil explicar el crash del ‘29 y el golpe de Estado de 1930. Nunca nos pareció que existiera un link entre la recesión global y las penurias argentinas. Lo mismo ocurre cuando vemos la cronología de crisis monetarias, recesivas y de burbujas (Tequila, Caipirinha, Sake, Vodka, las puntocom, etcétera) y, sin embargo, creemos que el 2001 fue nuestra tragedia solo nuestra, porque ¿qué hemos hecho para merecer esto?
En esta ocasión, nos vemos arrastrados por problemas globales que, para no romper con la sana costumbre, nos pegan peor que al resto. Hay quienes sostienen que juega en nuestra contra nuestro historial de pésimo deudor, que cuando se le canta, deja de pagar. Sin embargo, el ranking de defaults soberanos global lo lidera España, y Brasil tiene uno más que nosotros. Sí es cierto que en la historia del siglo XXI nos engolosinamos con el asunto, y puede ser que si el mundo vio a todo el arco político aplaudir un default, en una de esas, tal vez no hayamos dado una buena señal.
La variable de la corrupción tampoco pareciera ser el precio a pagar cuando en el ranking de Transparencia Internacional estamos mejor posicionados que México y Brasil. Entonces, no estamos peor que otros vecinos de la región en materia de transparencia, tampoco en honestidad; podría sumar que no lo estamos en institucionalidad ni en violencia. Sin embargo, a la hora de la inversión directa, quedamos últimos en la tabla regional.
¿Hay problemas globales de representatividad? Sí y no. Cada vez más países ven sus elecciones polarizadas; hay problemas de representatividad en Estados Unidos, en Alemania, Hungría, Rumania y siguen las firmas. En casi ninguno de los casos se ve el problema en la economía. No, al menos como nosotros. El caso de Perú es el más paradigmático y quizá el que más deberíamos ver de reojo, porque han tenido mil presidentes de la república, pero un solo titular del Banco Central en veintidós años. Dicen que eso es lo que dejará como legado Javier Milei si consigue la reforma de la carta orgánica de nuestro Banco Central. Falta aclarar que en nuestro sistema, lo que se consigue por ley, por ley se puede modificar.
Lo que me cuesta cada vez más es resignarme a la psicopateada. “Somos nosotros o ellos” es de tan bajo vuelo que me angustia. A esta altura, ni siquiera pienso en una tercera opción porque en este contexto es imposible. Pero si ya sabemos que es imposible, no entiendo la necesidad de que, ante cada escándalo, la respuesta sea “bueno, si no es esto, vuelven los kukas”. ¿No se cansan de tener una pistola en la cabeza en cada elección o soy el único pelotudo? ¿Nunca se le cruza a uno por la cabeza hacer un gobierno aceptable, transparente y, si no es mucho pedir, sin delirio de grandeza, mesianismo ni brotes agresivos?
Amenazas de apocalipsis por la inteligencia artificial, amenazas de apocalipsis si gana o no gana uno u otro, amenazas de apocalipsis por todos lados. Honestamente: ¿cuánto creen que tolera alguien antes de apagar el oído?
Lo más loco es que, con las cartas puestas sobre la mesa, muchos se la llevan de arriba con discursos afines, porque la colección prêt-à-porter de estos años es hablar fuerte con una muestra de valentía y buena gestión. En el Hospital Gutiérrez, el hospital de niños de la Ciudad de Buenos Aires, el segundo más importante del país después del Garrahan, los residentes cobran 6.500 pesitos la hora. ¿Sí preparé algún otro tema para el examen? Sí, claro: con ley, orden y la ciudad para la gente de bien.
También me encantaría hablar de la Corte o de las prepotadas del bocón Grabuá y ni que hablar de esta cosa loca de que Cristina quiere ser candidata y no la deja ese listado de sugerencias llamado legislación. Amo vomitar conceptos constitucionales, pero, lamentablemente para nuestra vanidad republicana, a nadie le importan estos temas por fuera del minúsculo grupito que siempre nos leemos. Me resultó más productivo salir, preguntar, llamar a los capos de las principales empresas de cada sector productivo para intentar entender qué les pasa a los demás. Porque cuando dejamos de mirarnos entre nosotros, pasan cosas re locas, como notar que hay personas por fuera de nuestro radio y que tienen realidades distintas y cagazos diferentes.
Pero espere, que esto puedo encadenarlo con esto que pasa en Brasil, que este domingo tienen elecciones y nadie sabe cómo saldrá el asunto. ¿Cómo dice? ¿Que me vaya?
¿Aprobé?
P.D.: Que salga bien porque no tenemos de dónde agarrarnos. Ya, ya me voy. ¿Le digo al que sigue que pase?
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(Sí, se leen y se contestan since 2008)
2 respuestas
«La democracia solo estará a salvo con la derrota total de nuestros enemigos.»
– Dwight David Eisenhower
Hasta que no entiendas eso, seguí quejándote. Estamos en guerra, y hay que ganar de una vez y para siempre.
¡VIVA LA LIBERTAD, CARAJO!
Ay Nicolás querido !! Ay Nico admirado !! Ay ay ay !! Nuestra decadencia se manifiesta en muchos ( varios ) órdenes !! Y no solo en los económicos o productivos… en los educativos… en los sanitarios… en los ambientales… en los culturales… ufff !! Me da miedo aburrir con una lista de indicadores de deterioro. Pero por caprichoso y reiterativo pongo como ejemplo la degradación en el consumo masivo; no se si es por marketing o por moda… pero en muy pocos años ( digo en 10 o 15 años ) dejamos de consumir a Marcela Morello… a Soledad Pastorutti… al Chango Spasiuk para tener como primer plato a la berretada de Tini o a la basofia de Lali… de ver en la tele a Chachacha o a Gasalla para tener las basuras militantes del streaming… la decadencia (ponele) «cultural» y expreso cultura como la base de toda sociedad está por el piso !! Y así nos va !! Del «Good Show y Papas Fritas» de Tato Bores nos tenemos que conformar con la misoginia machista retrógrada del «A Comeeeerla» del absurdo de Francella. No se si es cierto eso que todo tiempo pasado fue mejor… pero si puedo asegurar que todo tiempo pasado fue más sano y más promisorio… antes teníamos futuro. Ahora tenemos la decadencia asegurada. Va un abrazo y un beso y una copiosa taza de café. Te quiero. César (de «roto a roto»).