Medios Massivos

Argentina, mediados de 2019. Sergio Tomás se junta a morfar con el líder sindical que lo sacó de la militancia de la juventud de la UCeDé y lo metió en el más rápido Partido Justicialista. Massa necesitaba el consejo por no saber qué hacer: si aceptar la propuesta de Alberto Fernández de sumarse al Frente de Todos o seguir por su camino junto con Pichetto, Urtubey y Lavagna.

“Hoy sos un muerto político. Si te sumas capaz sobrevivís para otra cosa”. El vaticinio del sindicalista lo terminó por empujar. Sobre todo por el posible resultado a futuro: “No tenés nada para perder. ¿Qué puede salir mal, que sigas siendo un muerto?”. El planteo habría sido sencillo para cualquier persona. Si usted o yo prometimos durante seis años prisión para Cristina y la expulsión de los ñoquis de La Cámpora, si fuimos candidatos a Presidente y disputamos el Poder, difícilmente aceptemos un carguito menor en un frente que incluya a quien prometí meter presa y a los jefes de la fábrica de ñoquis. Y ni le cuento si su ex jefe de campaña es el candidato a Presidente.

Pero en política es todo más complejo, ¿vio?

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No sé si ya utilizaron la comparación con Frank Underwood, el personaje central de House of Cards que llega a presidente sin haber ganado una sola elección. Puede que sí, pero aquí es todo mucho más berreta. Después de todo, esto es Argentina. Acá, la complicidad del político con hambre no se da con una periodista novata sino con casi todos los medios y/o periodistas experimentados. Un plan fantástico salvo por un pequeño detalle: a nadie le importa, así que podemos dejar de bajarnos los pantalones.

He llegado a leer que los mercados se calmaron gracias a los rumores de que Massa podría sumarse al Poder Ejecutivo. Es curioso que justo ese tipo de notas no sean escritas por especialistas en economía. Quizá era necesario que así fuera, de otro modo habrían pensado que tuvo un poco más que ver con la suba de la tasa de interés de la FED norteamericana que con la llegada de un abogado recién recibido a manejar los destinos económicos del país.

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Todo el ruido alrededor de Massa en los últimos meses fue generado por el mismísimo Sergio Massa. Desafío a cualquier colega que haya escrito al respecto a que me lo desmienta. Si yo, que no piso una redacción hace años, recibo “la posta es que va de Jefe de Gabinete”, no me quiero imaginar lo que le llega a un redactor o editor.

Es tan ridículo todo que, sin ningún prurito, se habla de “Superministro” y “Superministerio”. ¿Saben de dónde salió esa palabra? Adivinaron: del entorno de Massa. ¿Superministro? ¿Denserio? ¿Saben cuál es el nombre de un ministerio que unifica economía, agricultura y producción? Ministerio de Economía. Súper es ese lugar en el que lloramos cuando hacemos las compras.

No les pido mucho, solo un poquito de dignidad. Durante más de un siglo la Argentina funcionó con solo cinco ministerios en lugar de 23. Y no era la Liga de la Justicia con cinco superministros. Yo, honestamente, no entiendo cómo creen que funcionan las cosas. Da igual el nombre que le pongan a la dependencia siempre y cuando cumpla con las funciones que le son asignadas. ¿Saben a quiénes les importa el nombre del cargo? Adivinaron, a los políticos y su enana autoestima.

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Hasta mediados de 2020 Massa llevó adelante la primera parte de su plan: hacerse amigo de Máximo Kirchner. No le costó mucho dado que el multimillonario tiene experiencia en entregar su amor incondicional a cualquier paparulo que le demuestre un poquitín de afecto y le preste atención. Alberto, de pronto, se encontró con que tenía que pasar por Sergio para conseguir el apoyo del bloque oficialista.

Massa dejaba que Máximo delirara con sus proyectos mientras le marcaba la cancha al gobierno con errores que forzaba a cometer. ¿Ejemplo? Impuesto a las ganancias. Siempre se encargó de ser el rostro visible que ponía el acento en loquealajenteleimporta. Y la buena onda de Máximo se tradujo en algo impagable: que Cristina vuelva a confiar en el tipo que prometió meterla presa.

A fines del año pasado, luego de perder las elecciones de medio término, desde la Rosada me tiraron que Alberto pasaba a ser un rehén del Poder Legislativo. Me lo dijeron con la naturalidad con la que te dicen si llueve o no. Creo que las risas de mi “pero eso es inconstitucional” se escucharon hasta en la costa sudafricana. Y eso que soplaba viento del Este.

A todos nos llegó la versión de la Asamblea Legislativa y lo sabe cualquier colega que haya tocado de oído. Tanto corrió la versión que más de una vez tuve que explicar que el presidente de la Cámara de Diputados no es línea de sucesión, sino que está obligado a convocar a la Asamblea Legislativa en menos de 48 horas. ¿Saben quiénes hicieron correr ese rumor? Vamos, yo sé que saben.

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Hace meses que Massa dedica tiempo a filtrar información como parte de su agenda cotidiana. Sin embargo, poco tiene que ver con esto una nota titulada “Sergio Massa y un recorrido de más de 30 años que lo deja ante su desafío más importante”. Esa nota, publicada en el medio más leído en español del mundo, lo plantea como un bombero y un mediador entre Alberto y Cristina. Por lo menos no reniega de sus inicios. Pero ya echa a rodar el otro rumor que el propio Sergio Massa hizo llegar a todos: que su intención es enderezar el Gobierno para ser electo en 2023. O sea: ser presidente sin título por unos meses y después ganar.

Esta vez tomé la precaución de no decir que eso no es constitucional. Ya aprendí que la Constitución es un listado de sugerencias y que, lo que importa, es si hablamos del tema o no.

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Un adolescente tardío del partido de San Martín hijo de inmigrantes sicilianos comienza su militancia en las filas de la Unión del Centro Democrático, el partido liberal-conservador fundado por Álvaro Alsogaray, ingeniero, ex capitán del Ejército, ex funcionario de la dictadura de Lonardi, luego de Aramburu, más tarde de Frondizi, también con Guido y un antiperonista más recalcitrante que Isaac Rojas. Pero si los tiempos cambian a los hombres, ni les cuento lo que logran los resultados electorales y tres o cuatro puestos en el Gobierno.

Para cuando la UCeDé se había hecho más menemista que el bronceado de Coppola, Sergio Tomás Massa ya había oficiado de asesor de Alejandro Keck, concejal sanmartinense por la Ucedé y hombre de Luis Barrionuevo, uno de los dos grandes artífices de Sergio.

Fue aquel veloz segundo lustro de los noventa el que llevó a Sergio Massa a militar la provincia de Buenos Aires para el peronismo bajo el ala de Barrionuevo, quien de paso logró colocarlo como subsecretario en el ministerio del Interior de Carlos Corach, de donde saltó al ministerio de Desarrollo Social de Palito Ortega, donde conoció al licenciado Horacio Rodríguez Larreta. Juntos organizaron la campaña electoral de Palito como vice de Duhalde, donde también estaba Alberto Fernández. Pierden todos, pero Massa tuvo la precaución de meterse como diputado provincial por el Partido Justicialista con tan solo 27 años.

De la mano de su segundo padrino, un tal Patricio Galmarini, conoció a su futura esposa, se mudó de partido, cambió de club de fútbol, se olvidó para siempre de la UCeDe –ya era mala palabra– y hasta pegó un carguito cuando el Pato le sugirió a Duhalde que ese muchacho de apenas 30 años y sin experiencia estaba en condiciones de asumir en la Anses.

Ahí ya juntó experiencia para saber que no hace falta experiencia para el cargo. Por eso ahora es ministro de Economía. Perdón, Superministro de la Supereconomía.

El asunto es que nos vendieron en los últimos tiempos que Massa fue el encargado de preocuparse por las jubilaciones. Con un poco de Google podemos recordar la ley previsional para que los aportantes a las AFJP puedan elegir si querían pasarse al sistema de reparto estatal. El gobierno lo festejó como un mundial. Solo el 17% de los laburantes aceptó traspasarse, pero eso sería corregido por Amado Boudou unos meses después.

Fue un Jefe de Gabinete fracasado, fue intendente con toda la torta de las inversiones dudosas en el Tigre, fue el que derrotó a Cristina en 2013 y el que le restó los votos a Scioli en 2015. Hoy, con la dignidad que lo caracteriza, Scioli decidió que no se sometería al patrocinio de Massa. Por ello se fue a su hogar… en Brasil. Nunca renunció a la embajada. Argentina, man.

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Al ver que cada vez se acercaba más a la predicción menos deseada de su mentor –la muerte política consumada– Sergio se convirtió en un gran teléfono descompuesto entre partes que necesitaban mediar. Hace unas semanas, mientras Alberto atravesaba la crisis de renuncia de Guzmán, Sergio le mando un Whatsapp que decía “llamala”. Alberto le contestó “no me atiende”. Salió en varios medios. Hagamos apuestas sobre quién lo filtró. Por mucho menos rajaron a Kulfas.

Los políticos son gente rara, no hay con qué darles. Por ejemplo, a Massa se le metieron en su hogar, no sé si alguien lo recuerda. Le invadieron la privacidad, lo amenazaron, le dedicaron cantitos en cada acto en el que lo acusaban de traidor. Y el tipo va y se sienta con sus verdugos como si nada hubiera pasado. Algunos le dirán resiliencia, otros lo verán como una jugada digna de Michael Corleone. El tema es que Corleone habrá sido idealizado, pero es un personaje mafioso.

De quienes ya no sé qué pensar es sobre aquellos que lo inflaron. Y no hablo del Massa TV. La vergüenza ajena no se mide en la cantidad de notas. Es obvio que el tema es noticia. Ahora, de ahí a titular que por un rumor de que Massa podría ser ministro de Economía subieron los bonos y bajó el dólar, only in Argentina. ¿Cómo se van a calmar los mercados si les mandamos una nueva ministra al FMI y la despedimos cuando está en modo avión? ¿O acaso los mercados son los empresarios amigotes y las cuevas amigas? ¿Cómo es que se tranquilizan cuando el tercer político con peor imagen de la Argentina es elegido ministro de Economía sin ser economista? ¿Piensan lo que escriben y dicen al aire?

En fin, esto somos, en esta estamos: un gobierno parlamentario en un país presidencialista. Ah, no, eso no es posible. El nombre correcto sería golpe parlamentario, pero es muy fuerte decirlo en tiempos en los que se buscan superéroes en lugar de funcionarios capaces.

Espero que Sergio Tomás no se la crea tanto, que acá le pusieron el traje de Superman a Alberto Fernández en la tapa de Noticias y ahí lo tienen, chamuyando a Dylan para que no renuncie.

Prometí ser breve así que sólo me limitaré a enumerar todas las veces que dije “Ojo con Massa”:

21 de marzo de 2021

25 de julio de 2021

15 de agosto de 2021

15 de septiembre de 2021

6 de febrero de 2022

6 de marzo de 2022

 

Nicolás Lucca

 

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